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Propuestas Económicas Productivas

La situación en nuestro mundo este último tiempo se ha tornado mas compleja por la combinación de factores como el alza de precios en alimentos y la inseguridad energética, que hasta hace no mucho, parecían relativamente independientes el uno del otro pero que paulatinamente se han visto interconectados en una nueva dinámica. Las grandes economías, al igual que nosotros se ven inmersas en este escenario y buscan de alguna manera adecuarlo a sus intereses y realidades. Este contexto parece traer consigo diversas oportunidades así como riesgos y peligros.

Cada semana que pasa se hace evidente la grave crisis alimentaria/energética y económica a la que vamos rumbo y que se origina, al menos inicialmente, en los cada vez más altos precios del petróleo internacional. El año 1990 costaba un barril (WTI) alrededor de 20 $ mientras que hoy, 18 años mas tarde supera los 126 $, significando un aumento mayor al 500% (datos de EIA, EUA y cotización del 20-05-2008). Esto, por supuesto, ha incidido en los precios de la gasolina, diesel y repercutiendo de forma adversa en el alza de precios de los alimentos, ya que significa costos más altos en los sectores agrícola y transportes. El alza del petróleo sin embargo, también tiene otros efectos a escala global porque paralelamente ha viabilizado la producción y comercialización de los Agrocombustibles, antes prácticamente inviables por sus altos costos de producción pero ahora altamente atractivos para los grandes agroempresarios nacionales e internacionales. Pese a que aún no es posible ver todas las implicaciones ya se hacen visibles algunos de sus efectos negativos a nivel socioeconómico. 

En este nuevo escenario la Unión Europea y los Estados Unidos, entre otros, buscan alcanzar una mayor seguridad energética y de paso dar inicio al trabajo de mitigación del cambio climático, estableciendo mercados de combustibles alternativos e introduciendo mandatos con metas de al menos 10% de Agrocombustibles en el mercado hasta el 2020 en el caso europeo y reemplazando aproximadamente el 25% del consumo local (relativo a niveles del 2006) en Estados Unidos el año 2022. De dónde saldrán los volúmenes requeridos es todavía una incógnita pero el agro-negocio en países como Brasil y Argentina o Malasia e Indonesia apuntan a ganar fracciones del emergente mercado.  Los Agrocombustibles, como su nombre lo indica, son combustibles fabricados a partir de productos agrícolas, absorbiendo de esta manera una proporción de los volúmenes ofertados de productos alimenticios como son la caña de azúcar, aceites de girasol y soya en el caso boliviano y brasilero pero también maíz, trigo y otros cereales en Estados Unidos y Europa. Estados unidos por ejemplo, destina actualmente el 30% de su maíz a producción de Agrocombustibles, mientras Brasil dedica anualmente hasta el 50% de la zafra de caña al etanol (CONAB).

La fiebre por los Agrocombustibles ha creado simultáneamente, incentivos en el mercado internacional que han acentuado la crisis inflacionaria. Tierras antes destinadas a la producción de alimentos ahora están siendo sembradas con cultivos agroenergéticos más rentables para la fabricación en gran escala de Agrocombustibles: Etanol a partir de caña de azúcar, maíz, trigo y otros y Biodiesel a partir de oleaginosas como la soya. El resultado que ha tenido el aumento de la demanda y la priorización de cultivos energéticos consigue explicar por si sólo más de 30% del incremento global en los precios de cereales visto en el periodo 2000-2007, dato calculado por el  Instituto de Investigación sobre Políticas Alimentarias, IFPRI en ingles. Las Naciones Unidas e incluso el Banco Mundial han reconocido la influencia del comercio de los Agrocombustibles sobre la inflación observada en algunos de los productos alimenticios más importantes a nivel global, exacerbando así la situación ya crítica de cientos de millones de personas sobreviviendo debajo el umbral de la pobreza. 

A diferencia de la mayoría de los países en Sudamérica que impulsan la apuesta por los Agrocombustibles, en Bolivia existe un crónico déficit productivo en varios de los principales granos comestibles que sumado al bajo poder adquisitivo de la población en general nos hacen un país vulnerable a los volátiles precios internacionales de alimentos. Por ejemplo, Bolivia no llega a satisfacer los volúmenes de trigo, maíz y arroz que consume viéndose obligada a importar a precios internacionales que a causa de la mayor demanda global serán cada vez más altos, llegando a incrementarse en 20- 50% durante la próxima década  según la OECD/FAO. Los datos más recientes para Bolivia confirman el elevado déficit de producción en los tres granos: 69% trigo, 42% maíz y 45% arroz según un informe del MDRAMA en trigo y maíz y datos de CIPCA en el caso arroz. Bolivia debiera por tanto mantener una política restrictiva en cuanto a la exportación o derivación de estos productos para Agrocombustibles y más bien potenciar resueltamente el sector productivo anticipando así los mayores costos de la importación de alimentos. Esto no significa que los posibles beneficios de los agrocombustibles no deban ser aprovechados por el país, si no más bien, que deberemos analizar cada paso y asentar previamente las bases requeridas para optimizar los beneficios integrales del conjunto de Bolivia sin exponer aun más a grupos ya vulnerables. No vaya ser que al desesperarnos por competir en exportar Biodiesel a precio competitivo tengamos que importar aun más alimentos crecientemente subvencionados.

 

(*)El autor es biólogo y medioambientalista de la Unidad de Acción Política en CIPCA

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