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La masacre de campesinos y campesinas del pasado 11 de septiembre en Porvenir, Pando, que se llevó 16 vidas, nos sigue dejando amargados e impotentes, no sólo porque eran compañeros campesinos –amigos en algunos casos- que en pleno ejercicio de sus derechos humanos y constitucionales se dirigían a un ampliado convocado por la Federación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Pando (FSUTCP), sino porque para algunas personas de aquella región, la vida de un campesino, de una campesina sigue teniendo muy poco valor.

La organización campesina del norte amazónico –que no tiene más de una década- ha recibido, con muestras de flagrante racismo e intolerancia, una serie de presiones y violencia en contra de los derechos individuales y colectivos por parte de algunas elites locales encaramadas en el poder regional que no quieren perder sus privilegios. Es evidente por ejemplo el avasallamiento de la tierra y de los recursos naturales sobre los cuales campesinos, hombres y mujeres pandinos, hoy tienen derecho propietario; a ello se suman el permanente acoso, persecución o violencia ejercida contra algunos dirigentes.

Pese a que en los últimos años en nuestro país y en el contexto internacional ha mejorado sustancialmente el respeto y el ejercicio de los derechos individuales y colectivos de campesinos e indígenas, estos grupos de poder no han logrado aún asimilar que los campesinos indígenas de la amazonía ya no son más parte de la empresa extractiva del caucho ni dóciles trabajadores de la barraca castañera. En muchos casos, los dirigentes del norte amazónico han tenido que romper incluso con su propia forma de vida, basada en perversas relaciones laborales construidas en torno a la barraca por más de cien años, donde la falta de un pedazo propio de tierra les hacía dependientes del patrón para la alimentación, salud y el vestido.

Hoy en día, prácticamente al completar la primera década del siglo XXI, tenemos el privilegio de conocer a hombres y mujeres líderes que cada día ejercen la difícil tarea de la dirigencia en un contexto sociocultural y político desfavorable, donde es más fácil seguir siendo dependiente o arrimarse a prácticas clientelares ejercidas por empresarios o políticos que buscan perpetuarse en el poder. Un ejemplo de entereza dirigencial son los secretarios de tierra y territorio de las organizaciones campesinas de aquella región, que han acompañado el largo proceso de saneamiento y titulación de tierras, que ha concluido el 2 de agosto recién pasado. Ello llevó a la declaración de Pando como primer Departamento de Bolivia con tierra saneada.

En el Comité Ejecutivo Departamental de la FSUTCP, la secretaría de tierra y territorio, durante la gestión 2006-2007 estuvo a cargo de don Bernardino “Chino” Racua, un líder muy activo y originario de la comunidad Irak, en Puerto Rico, que desde el año 2002 también se había desempeñado como promotor jurídico para apoyar el proceso de saneamiento de la tierra. Esta tarea, la del saneamiento, fue una difícil misión para Bernardino, primero porque en la mayoría de los casos tuvo que enfrentarse con intereses de privados de mucho poder que hasta entonces habían sido dueños de territorio y sus recursos naturales, y segundo, porque el trabajo desempeñado requirió de mucho compromiso con sus bases para que tengan derecho propietario sobre la tierra y el territorio.

Al concluir el saneamiento se identificaron tierras fiscales en Pando, y Bernardino Racua visualizaba claramente la problemática que conllevaría la distribución de dichas tierras. Asimismo, estaba preocupado por que la tierra y los recursos del bosque puedan servir para la vida de las generaciones venideras con las mismas ventajas que tienen las actuales. Por ello, él propuso en el mes de julio, como parte de la agenda de las organizaciones campesinas, la generación de empleo para los jóvenes en base a la transformación de los productos del bosque y de ese modo tuvieran opciones de quedarse en sus comunidades.

Liderazgos como el de Bernardino Racua dejan un legado invaluable para la promoción de visiones de desarrollo propias del poblador amazónico y de la búsqueda de justicia, que permitan que la riqueza de esta región alcance para las nuevas generaciones.

Tras la masacre de Porvenir, en la comunidad Irak descansa el cuerpo de Bernardino, pero su alma y su entereza transmitida con su liderazgo estarán siempre presentes en las propuestas y reivindicaciones de los que se quedaron para no permitir más abusos ni humillaciones de los sectores poderosos de la región.

 

(*) Pamela Cartagena es Directora de CIPCA Pando.

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