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Propuestas Económicas Productivas

Bloquear caminos o calles con piedras, garrafas, minibuses o con costosas cosechadoras. Romper vidrios de los carros que se atrevan a desacatar un paro. Largas filas de camiones, flotas y pasajeros en un cruce clave de caminos… Esto y mucho más es parte de nuestro estilo nacional de protestar, imponer o forzar diálogos. Yo ya he aprendido a tomármelo con paciencia, humor y hasta como la universidad abierta de la calle. Cuando viajo, llevo siempre algún trabajo o libro alternativo y mi disposición para tertuliar y aprender de bloqueadores, bloqueados y de la gente del lugar.

Todo eso perjudica, ciertamente. Muchas veces, mucho y a muchos. Hay bloqueos y bloqueos. Unos son el camino más eficaz, si no el único, de sectores populares para expresarse y conseguir algo legítimo, dada la débil institucionalidad de nuestro país. Pueden ser un mal menor. Otros, sólo defienden intereses muy sectoriales y con poco sentido de país. Algunos son un simple show de fuerza de los más poderosos. Lo mismo ocurre con los paros. Toda medida de presión, presiona y perjudica al presionado. Si es al explotador, pase. Pero si los así presionados no son sólo los causantes del problema, el perjuicio es peor: multitud de pasajeros sin recursos en las terminales de buses; miles y miles de niños sin poder pasar clases… La solución de raíz es tener instituciones eficientes e inclusivas.

Ahora estamos sufriendo desde ya hace un mes el mayor de los bloqueos: a una nueva Constitución Política del país. Al analizar con lupa la distribución de actores en el tablero y el proceso en el tiempo, no me cabe de duda de que los mayores bloqueadores son, en este caso, los que no quieren cambios de fondo en nuestra máxima institución.  Millones de bolivianos estafados una vez más.

¿Quiénes pidieron Constituyente con mayor clamor y sacrificio? Los más humildes y marginados, que el 2002 caminaron y se sacrificaron por ello proféticamente desde los últimos rincones del trópico. Se les unieron por el camino los andinos. En víspera de las elecciones, lograron una rendija legal para cambiar algún artículo constitucional. Pero el flamante presidente Goñi bloqueó el tema. Cayó y lo retomaron los dos presidentes interinos. Evo lo implementó, apoyado por el masivo 54% que quería cambio. Y ahora, ¿quiénes más la siguen reclamando? De nuevo los sectores populares, incluida la Chuquisaca, el Chaco y la Amazonía profundas, distintas de los señores de Sucre y de comités cívicos corporativistas. 

¿Quiénes la han estado bloqueando desde entonces de manera más calculada? La ultra derecha, que van buscando una excusa tras otra para que la nueva Constitución o no avance o quede descafeinada. Veamos su cambiante aritmética del voto: Primero, referendum por 50% en “sus” departamentos resultaba vinculante a la Asamblea. Después, en ésta, dos tercios; es decir, les bastaba lograr más de un tercio hasta el último detalle; o si no logran un tercio, exigen consenso. Ahora, sabiendo que ya estamos en los descuentos, magnifican el tema de la capitalía opacando lo demás, y bloquean violentamente el funcionamiento y seguridad de los constituyentes.

No son los únicos bloqueadores de la Constituyente. También los hay en el otro bando: los ultras que querían reducir constituyentes a levantamanos. Los seis o más meses perdidos en la discusión de los alcances operativos de 2/3 vs mayoría absoluta en el reglamento bloquearon también la Constituyente por intransigencias desde uno y otro bando, pero más desde el MAS que desde el menos.

Al fin el trabajo en las comisiones  ha sido intenso y fructífero, a pesar del lento aprendizaje, conflictos y manipulaciones de unos y otros. Pero ahora se bloquea deliberada y violentamente su culminación.

“Peor” quiere decir “más malo”. Es una comparación entre dos males. Malos son otros bloqueos. Pero el mal mayor es bloquear la Constituyente, la instancia máxima para institucionalizar un país.

Políticos y ciudadanos de buena voluntad: ¡salvémosla!

 

(*) El autor es jesuita, antropólogo e investigador de CIPCA

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