Por una Bolivia democrática, equitativa e intercultural
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Propuestas Económicas Productivas

Lo mono

En nuestra historia y cultura política estatal ha prevalecido una tendencia hacia esquemas uniformizadores, regulados desde los grupos y la cultura dominante. Sus estructuras y normas han tenido un supuesto monocultural. Hasta fines del siglo XIX era incluso monoreligioso, es decir, confesionalmente católico. Oficialmente se ha considerado que Bolivia es un país monolingüe, en que sólo vale el castellano. La escuela y más aún los niveles educativos superiores han sido también monoculturales, monolingües, castellanizantes. Lo mismo podríamos decir del sistema legislativo y judicial, del ejército y de la policía, de los ministerios, de los hospitales, de la prensa y de tantas otras oficinas y reparticiones públicas, estatales o no.

La versión más refinada de ese monoculturismo estatal ha sido la de que los bolivianos nos habríamos igualado y uniformado culturalmente, todos seríamos ya “mestizos”, sin blancos ni indígenas. Vana ilusión que persiste o incluso ha rebrotado ahora en algunos sectores quizás como un mecanismo de defensa.


Lo pluri

Pero la propuesta monocultural –sea en ésta o en sus versiones previas– nunca llegó a imponerse de manera absoluta sobre todo por dos factores:

 

El primero y principal, porque el país y su sociedad siempre ha sido pluri. No sólo por la presencia y tenaz resistencia de los múltiples pueblos originarios sino también por las particularidades regionales y por la inacabable gama de mezcolanzas que la historia ha ido tejiendo: somos pluri-multi, diría Carlos Toranzo.


El segundo, porque el poder y la presencia estatal nunca ha sido absoluta ni mucho menos. El Estado siempre ha tenido amplios espacios vacíos, tanto geográficos como institucionales, en los que desde siempre se han desarrollado autonomías de facto, sobre todo en las mal atendidas áreas periféricas con pueblos indígenas. El Estado con huecos, diría George Gray.
Lo que pasa es que ni el Estado ni tampoco la mayoría de las instituciones públicas tomaban en cuenta esta realidad y a todos, por diseño o por rutina poco crítica, nos querían tratar de una manera uniforme, como si fuéramos soldaditos de un regimiento, marcando el paso, marchando y cantando todos al unísono, con todo el tufo neocolonizador que de ahí emana.
Pero de manera creciente todo esto ya va cambiando. En las bases, desde fines de los 60 y, en el Estado, a partir sobre todo del cambio constitucional de 1994, que reconoció por fin que nuestro país es –y, por tanto, su Estado debe ser– “multiétnico y pluricultural”. Más aún, ahora con el nuevo proceso constituyente se añade también “plurinacional”, un término mucho menos peligroso de lo que algunos temen, si se lo precisa y matiza adecuadamente. Pero dejemos ese asunto para otra ocasión.


Lo inter

Lo único que aquí quiero subrayar es que el reconocimiento de lo pluri tampoco basta. Podría conducirnos a ghetos monoculturales cerrados o a una atomización de identidades individualizadas. Tiene que llevar a la aceptación de los individuos y grupos identificados como distintos, culturales u otros. Y para ello lo pluri tiene que desembocar además en intercultural. No bastan los mosaicos yuxtapuestos. Necesitamos entrelazarnos en un tejido bello y tupido. Y es urgente.

El enfoque intercultural no es privativo de las ciudades más pluris. Es para todos. Desde cualquier rincón, aun el más hispano o el más originario, debemos ser capaces de aceptar, comunicarnos y entendernos entre los distintos. El Estado inclusivo debe lograr que blancos, mestizos, karais, karayanas, q’aras, gringos… sean capaces de compartir con “indígenas, originarios, indios” y viceversa; y también citadinos y rurales; collas, cambas, chapacos y chaqueños; católicos, “hermanos” y practicantes de religiones y espiritualidades originarias; bolivianos y chilenos; y un largo etc.

Intercultural dice mucho más que mestizo.


Pero eso sí: siempre de igual a igual sin que ningún grupo quiera achicar ni explotar a otro.

 

(*) Xavier Albó es antropólogo e investigador de CIPCA

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