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Propuestas Económicas Productivas

Si para algo sirve el periplo de los asambleístas por todas las capitales de departamento y varias otras importantes regiones intermedias, es para que la ciudadanía vea a los varones y mujeres a los que hace casi un año encargó la redacción de una nueva constitución política, éstos escuchen las innumerables e inobjetables reprimendas por el poco avance logrado en más de ocho meses, pero también para que los mismos renueven los compromisos por los que fueron elegidos y asuman la obligación de concluir su tarea de la mejor forma y en el plazo establecido en la ley de convocatoria de la Asamblea Constituyente.

Lo serio, responsable y productivo hubiese sido que este importante recorrido constituyente llevase a todo el país, a punto de ingresar a la recta final de su trabajo, los avances en el desarrollo de las principales propuestas de reforma constitucional así como de los temas centrales en debate a una primera consulta ciudadana, buscando recuperar la disminuida confianza, legitimidad y falta de acceso a información veraz. Estos Encuentros Territoriales también pudieron haber sido un extraordinario ejercicio democrático y pedagógico de rendición de cuentas y apertura a la participación ciudadana, con el propósito de que personas y colectivos de forma individual o por sectores, orienten a los asambleístas sobre su parecer frente a las cuestiones de mayor dificultad, aportando con sentido común y sencillez, virtudes escasas en el debate constituyente.

Sin embargo, no tiene sentido reclamar sobre lo que hubiese sido y no fue. El amplio recorrido constituyente está sirviendo para reponer en la agenda nacional la grave cuestión de estar en camino a una nueva constitución política, que la ciudadanía y la opinión pública tomen consciencia de que la importante reforma constitucional en ciernes puede tener profundas consecuencias en la vida dentro de los departamentos, las regiones, los municipios, las comunidades y, en general, el país todo. También debe contabilizarse que gracias a estos Encuentros se está avanzando en el manejo técnico de las complejas problemáticas a cargo de las varias comisiones -21, para ser precisos-, lo mismo respecto de las relaciones humanas al interior de las comisiones que, con toda su inocultable y valiosa heterogeneidad, son cuerpos colegiados con una responsabilidad única, compartida y mancomunada.

Por todo eso sorprende que se piense en reprogramar el funcionamiento de la Asamblea Constituyente cuando todo indica que lo que corresponde es ponerse febrilmente manos a la obra, para que con esfuerzo, decisión y trabajo se recupere el tiempo perdido y con su frutos la constituyente se reivindique, tanto de cara a lo sucedido cuanto a lo que habrá de corresponderle respecto al futuro del país. Es hora de abandonar esa perniciosa costumbre de buscar la prórroga antes de hacer el trabajo, porque resulta que antes de empezar la fundamental tarea legislativa de la Asamblea que, entre paréntesis, es su razón de ser o lo único para la cual se la convocó que es redactar un nuevo texto político, se ponen por delante los cálculos menudos sobre un tiempo extra de funcionamiento. Además, en lo instrumental, dicha propuesta está doblemente errada porque no salió de la Asamblea como tendría que ser, y segundo, porque si hubiese que efectivamente tratar el tema, formal y políticamente, el debate al respecto tendría que ser en el Congreso Nacional, luego de un fundamentado informe de la Directiva de la Asamblea porque alterar este calendario significa justificar responsablemente y, consecuentemente, cambiar la ley de convocatoria.

En este momento la Asamblea, sus comisiones y las mismas fuerzas políticas y representaciones ciudadanas presentes, más bien tendrían que preocuparse sobre la metodología con la cual procesar la inmensa cantidad de propuestas y sugerencias, de alcance corto o generales, sectoriales o universales, que recibieron en todo lado y que ahora amerita reflexionarlas ágilmente, para luego convertirlas en textos concretos y claros, de un articulado constitucional técnicamente desarrollado y coherente como conjunto. Y ese es un primer gran desafío porque de ese grueso conjunto de demandas debe encontrarse sus afinidades profundas, transformar los reclamos en derechos individuales y colectivos y, al mismo tiempo, en mecanismos jurídico - institucionales, diluyendo lo particular en un referente universal, de forma que nos devuelva a todos el sentido de pertenencia a una misma comunidad política. Al mismo tiempo, todos los temas particulares, llámense desarrollo rural, salud, tierras, poder judicial o niñez y adolescencia, tienen que tener orientada su especificidad hacia las bases sobre las cuales se desarrolla este proceso de reforma constitucional: Estado plurinacional, descentralización y autonomías, interculturalidad, etc.

Estamos a tiempo, hay que empezar ya. La Asamblea Constituyente debe reivindicarse, puede hacerlo, pero tiene que dar el mensaje que está a la altura de la responsabilidad histórica que le delegó el soberano y necesita desesperadamente el país. Todos deberíamos hacer fuerza y aportar con lo que se pueda para que el próximo 6 de agosto, tengamos una nueva Constitución Política moderna y democrática.

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