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Propuestas Económicas Productivas

 

El pasado 29 de abril se cumplió un año de la firma del Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP), por medio del cual Bolivia ingresa al proceso de integración ALBA (Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe), firmado en diciembre de 2004 entre Venezuela y Cuba y al que recientemente se incorporó Nicaragua.

Este acuerdo tiene, entre sus ejes centrales, el apoyo al desarrollo productivo campesino, mediante iniciativas encaminadas a una agricultura incluyente, sostenible y soberana. En ese marco, un programa aprobado por el TCP se refiere al desarrollo integral de la soya en sus diferentes eslabones productivos, con el propósito de beneficiar principalmente a los pequeños productores del departamento de Santa Cruz y amortiguar los efectos de los Tratados de Libre Comercio (TLC) por los que han optado algunos países con los que tiene relación comercial Bolivia y que afectó o se prevé que afectará al mercado de la soya.

Uno de los principales objetivos de este programa es que Venezuela, como principal comprador de la soya boliviana – más de 600 mil toneladas al año-, incremente su volumen de compra anual en 200 mil toneladas más, a un precio diferenciado que beneficie directamente a los pequeños productores. Otro componente importante es el acceso a un financiamiento accesible para que estos productores puedan comprar semillas, diesel y pesticidas.

Algunas condiciones para beneficiarse de este programa son: ser pequeño productor -es decir tener hasta un máximo de 50 hectáreas cultivadas-, pertenecer a una comunidad, producir soya convencional (no transgénica) y conformar un grupo de trabajo asociado.

Al primer año del programa del TCP, en un estudio preliminar realizado por CIPCA Santa Cruz se revela que se ha comercializado 108 mil toneladas de soya en grano a un precio preferencial de $us 217 la tonelada. El precio de mercado es de $us 160, por lo que genera una diferencia positiva de $us 57 por tonelada en comparación al precio de compra de otras industrias nacionales.

También este programa ha desembolsado $us 2,5 millones para créditos con un interés de 4% anual, sin trámites burocráticos y exigencias que excluían a los pequeños productores. Este financiamiento permite cubrir los costos operativos del pequeño agricultor en un 50% y acceder de forma oportuna a la provisión de insumos, además de reducirle sus costos de producción por la baja tasa de interés del préstamo y por tanto, incrementar sus ganancias.

Al precio de compra del proyecto ($us 217), un pequeño productor que siembra aproximadamente 30 hectáreas de soya, y obtiene 2 toneladas por hectárea, invierte $us 8.400; si vendiera a las industrias tradicionales, su beneficio sería de $us 1.200. En cambio si comercializa su producción a través del TCP, su utilidad llegaría a $us 4.620.

Este año se han beneficiado con el programa 1.745 pequeños productores de las dos zonas de mayor importancia productiva del departamento de Santa Cruz (Norte Integrado y Este) en las dos campañas que se realizan por año (invierno y verano); aunque, los funcionarios del programa han estimado la existencia de unos 3.000 pequeños productores

A pesar de los beneficios de este programa, cabe mencionar que tanto el número de productores como el volumen comercializado se encuentran muy por debajo de lo que se estimaba al inicio. Es necesario, por tanto, realizar un seguimiento más minucioso para aclarar cuantos pequeños producto de soya existen y, cuales son las condiciones que estarían determinando su decisión o posibilidad de acceder a las condiciones de este nuevo mercado.

Entre las debilidades del programa podemos indicar: falta una mayor participación de los pequeños productores en toda la cadena productiva de la soya como ser: acopio, transformación y comercialización puesto que hasta ahora son los funcionarios del programa quienes tienen un rol protagónico en el acopio y exportación de la soya hacia el mercado venezolano.

Entre los problemas de mediano y largo plazo se puede señalar que existe un fomento a la dependencia al desarrollo del monocultivo de soya porque no se ha implementado acciones de diversificación agrícola o prácticas dirigidas a una agricultura sostenible. Por otro lado, tampoco existe un horizonte claro de la duración del programa para que los pequeños productores tengan certeza de cuanto tiempo tendrán abierto este nicho de mercado.

Por los resultados alcanzados hasta hoy por el programa de soya del TCP, es necesario hacer ajustes y emprender otras acciones tal como el propio presidente Evo Morales lo reconoció al celebrar un año de su implementación; pero a la vez hay que reconocer que existen avances significativos logrados en beneficio de los pequeños productores campesinos.


(*) La autora es consultora de CIPCA Santa Cruz

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