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Propuestas Económicas Productivas

Relevamos y compartimos con nuestros lectores y lectoras del Boletín institucional CIPCANOTAS y de nuestra página Web las palabras de Vera Gianotten, autora del libro CIPCA Y PODER CAMPESINO INDÍGENA, 35 AÑOS DE HISTORIA, en ocasión de su presentación realizada en la ciudad de Santa Cruz:

Sin exagerar me considero la cooperante extranjera más privilegiada en el mundo. No conozco a otros extranjeros que hayan tenido este privilegio de conocer a toda profundidad una organización boliviana con todos sus problemas, aciertos, debilidades y fortalezas. Sin duda, esta actitud abierta es la característica más importante de CIPCA y sobre todo de sus orígenes jesuíticos.

Al ordenar todo el material documental y vivencial, me di cuenta que la historia de CIPCA es apasionante.

Por qué presentar la historia de CIPCA? La respuesta es fácil: porque CIPCA como ONG ha contribuido positivamente a la historia de Bolivia.

Entre los años 1971-2005, -los años de la historia de CIPCA - Bolivia vivió golpes militares, democracia y dictadura, vivió muchos cambios y experimentó políticas económicas poco favorables para los sectores campesinos indígenas. En este contexto encontramos la continuidad de organizaciones como CIPCA que han contribuido sustancialmente a que en 2006 se haya iniciado un nuevo período político.

Escribir la historia de CIPCA es contar sobre una organización no gubernamental ejemplar en Bolivia y en América Latina. Ejemplar en el sentido de que la historia de CIPCA puede ser modelo para la historia de las ONG de América Latina. Pero también ejemplar en el sentido de que la historia de CIPCA es única por sus características particulares. CIPCA siempre se ha caracterizado por su actitud de reflexión permanente, de renovación de ideas, de auto-crítica y de innovación. Por ello, la historia de CIPCA debe ser conocida para poder aprender de ella, para poder entender por qué se han tomado ciertas decisiones y no otras, por qué el contexto histórico a veces ha obligado a tomar decisiones involuntarias y, al revés, por qué ese mismo contexto ha sido influido por el accionar de CIPCA.

Quiero aclarar que escribir la historia no solamente es ordenar y seleccionar, sino es también valorar e interpretar. Esta valoración e interpretación es responsabilidad mía. Los hechos históricos se dejan ordenar de manera diferente conforme la interpretación del historiador; la verdad histórica cambia de color dependiendo de la lupa con que se la mira. En el caso de CIPCA, la verdad histórica es coloreada por mi propia historia, una historia profesionalmente relacionada con las ONG de América Latina, y en especial en Perú y Bolivia.

Durante el proceso de redacción, mucha gente que trabaja en la cooperación internacional, me había sugerido ser muy crítica con CIPCA. Para quienes me conocen no es ninguna novedad cuando digo que yo no tengo ningún problema en ser crítica.

Últimamente se critica a las ONG que no logran resultados concretos, resultados tangibles. La historia de CIPCA sirve para mostrar a estos críticos que el trabajo de las ONG sí tiene influencia positiva en el desarrollo del país, que CIPCA sí ha tenido influencia en la emancipación económica, social y cultural de las familias campesinas e indígenas. Estas familias, totalmente excluidas hace 35 años, cumplen ahora un papel importante en la vida política y económica de Bolivia.


El luchar por la inclusión social, política, cultural y económica ha sido –y sigue siendo– la razón de ser más clara para la institución, su personal y sin duda, para sus fundadores. El libro se cierra a fines del 2005, cuando Bolivia comienza una nueva fase histórica que está marcada por la inclusión de campesinos indígenas en el campo político. Con toda seguridad CIPCA y muchas otras ONG han contribuido a que el proceso de emancipación política haya avanzado tanto en Bolivia.

No nos olvidemos que hace 35 años había una ausencia casi total del Estado en las zonas rurales. Tampoco había instituciones privadas y las pocas que existían –como CIPCA y ACLO– actuaban como sustitutos del Estado. No nos olvidemos que no había, por ejemplo, caminos a San Julián y Santa Rosa de Sara; que se demoraba 12 horas (y en época de lluvias hasta 3 días) para viajar de Santa Cruz a Camiri; que hasta en los años ‘60, en algunas ciudades de Bolivia los indios estaban prohibidos de entrar en la plaza principal.

No nos olvidemos que recién desde hace 10 años los indígenas aymaras, quechuas, guaranís, guarayos y moxeños tienen acceso al poder local; que los campesinos e indígenas en el norte amazónico están rompiendo los lazos de dependencia del “habilito”; y que las familias campesinas en el altiplano, la zona agroecológica más difícil del país, están encontrando nuevas respuestas de desarrollo que combinan la producción agropecuaria con la migración. Todo ello era impensable hace 35 años. Los movimientos campesinos indígenas y las ONG, así como otros actores, como por ejemplo la iglesia, han contribuido a todos estos cambios.

Quiero mencionar un resultado no buscado, un resultado no trabajado concientemente y que nunca ha sido formulado en algún desafío o indicador de medición. Me refiero a CIPCA como escuela informal de formación de liderazgos; líderes que ahora juegan un papel importante en la vida nacional. Pero también una escuela informal de formación de investigadores, de promotores, de sociólogos, de economistas, de comunicadores, de agrónomos, de zootecnistas o de ingenieros forestales.

CIPCA con sus 35 años de experiencia de afrontar cada vez nuevos retos políticos, económicos y culturales, tendrá que encontrar, una vez más, una respuesta para enfrentar los nuevos retos para que los campesinos e indígenas sean ciudadanos plenos con todos sus derechos y deberes democráticos, para que haya democracia interna en las organizaciones sociales y para que Bolivia sea un solo país pluricultural, intercultural y multiétnico.

El libro fue escrito con el espíritu participativo y democrático que siempre ha caracterizado a CIPCA. Mucha gente fue consultada a través de entrevistas personales, entrevistas grupales, telefónicas, talleres, etc. Quiero expresar públicamente que sólo con la ayuda de tanta gente logré ordenar el material documental y vivencial.


Quiero terminar con mis más sinceros agradecimientos a Lorenzo Soliz y Xavier Albó, mis compañeros en esta odisea y sin cuyo apoyo el libro simplemente no hubiese existido. Agradezco también a Oscar Bazoberry, director general y a Carmen Ávila, presidenta de la Asamblea de CIPCA. Los que han visto el libro habrán leído que está dedicado a una persona muy especial: a Ton de Wit, mi compañero de siempre.


(*) Autora del libro "CIPCA y Poder Campesino Indígena, 35 años de hisotria"

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