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Propuestas Económicas Productivas

¿Las inundaciones son buenas para un país o no? Parece una pregunta extraña porque la respuesta obviamente es no. Pero, los que creen en el PIB (Producto Interno Bruto) como medida para el bienestar de un país responden que sí, porque a causa de las inundaciones aumenta la actividad económica (aunque se podría perder parte de la cosecha agrícola, las casas y carreteras necesitarían reparación, sería imprescindible construir infraestructura para prevenir otras inundaciones, rehabilitar los cultivos, etc.). Cuando aumenta la actividad económica, también aumenta el PIB; y cuando crece el PIB, el país va bien. Entonces ¿Cuál es el error?

Para responder a esta última pregunta es necesario aclarar que el PIB expresa el valor total de la producción corriente de bienes y servicios finales dentro de un país o región, durante un periodo determinado (generalmente un trimestre o un año). Aunque el cálculo del PIB no toma en cuenta actividades no remuneradas por el mercado (por ejemplo el autoconsumo de productos agropecuarios y trabajo doméstico), es la medida más cómoda y más utilizada para estimar y comparar la capacidad productiva de las naciones.

El método para calcular el PIB es el mismo en todo el mundo y da como resultado un solo número por país, que cambia cada año. El PIB es considerado el principal indicador del valor económico de un país y es muy utilizado por políticos, economistas, empresarios y otros sectores.

Existe una gran confusión respecto a la interpretación del concepto del PIB. Muchas veces, a propósito o no, el PIB es interpretado y usado de manera incorrecta. Un crecimiento del PIB indica un crecimiento económico, pero no indica el incremento del bienestar de la población de un país. Políticos y empresarios a menudo tienen la tendencia de justificar sus decisiones al afirmar que “son buenas para el PIB” y por tanto sugieren que esas decisiones son buenas para el país y la gente.


El PIB y el bienestar de un país son dos cosas diferentes. Volviendo al ejemplo de las inundaciones. Estamos de acuerdo que estos desastres naturales tienen efectos nocivos para el país. Además de los daños económicos que provocan, son responsables de muchos daños sociales y emocionales (muertos y heridos, refugiados, casas destruidas, etc.). Pero, retomando lo mencionado al inicio, que las inundaciones hacer crecer el PIB, como estas catástrofes naturales existen otras cosas que hacen crecer el PIB pero no contribuyen al bienestar.

Algunos ejemplos de eso son la producción de armas para la guerra, la construcción de cárceles como respuesta a un crecimiento de la criminalidad y el aumento de gastos sanitarios, causado por la contaminación del medio ambiente o por un crecimiento en el número de accidentes viales.

Aparte de todo esto, el PIB muestra otras deficiencias cuando se utiliza como indicador del bienestar de un país. Por ejemplo, el PIB no toma en cuenta la desigualdad en los ingresos, considerado un factor importante del bienestar de un país. Un país con un nivel alto de desigualdad económica puede tener un PIB elevado sin que aumente el bienestar de la gente, lo que significa que los beneficios van casi exclusivamente a favor de un grupo pequeño de personas.

El PIB tampoco toma en cuenta la sostenibilidad de las actividades económicas. Por ejemplo, la sobreexplotación de recursos forestales puede resultar en un crecimiento muy fuerte del PIB, pero este crecimiento sería temporal porque a largo plazo el agotamiento de los recursos resultará en un descenso del PIB, sin hablar de los gastos ecológicos y ambientales vinculados a la sobreexplotación. Más allá, el PIB no valora cosas que, aparte de bienes y servicios, determinan el bienestar de la gente como aire y agua limpia, tiempo libre, libertad, seguridad, empleo y autoestima.

Por tanto, para un uso correcto del concepto del PIB, hay que diferenciar claramente entre el crecimiento económico de un país (medible por el PIB) y el bienestar dentro de un país (medible por varios índices, de los cuales el Índice de Desarrollo Humano (IDH) es el más conocido). El PIB mide la capacidad productiva de un país, pero no es una cifra santa cuyo incremento pueda justificar cualquier cosa, pues además del PIB existen muchos otros indicadores que determinan el bienestar de un país y que merecen tanta atención como el crecimiento económico.

En la toma de decisiones, los políticos y empresarios tendrían que prestar atención a factores que están más allá del ámbito puramente económico, como la desigualdad, el medio ambiente y la sostenibilidad. Una justificación basada solamente en el argumento del crecimiento económico y del PIB es como justificar el reemplazo de tu casa por una fábrica: aumentaría tu ingreso, pero ¿Dónde vas a vivir?


(*) Cooperante en CIPCA Santa Cruz

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