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Propuestas Económicas Productivas

El año 2000 las Naciones Unidas, a través de los gobiernos de los países que la conforman, se han propuesto varios objetivos, como la disminución de la pobreza extrema mundial a la mitad, hasta el 2015. Para ello, los “países desarrollados” se han propuesto cumplir su compromiso de hace décadas de contribuir al desarrollo con el 0,7% de su PIB nacional.

En Septiembre se ha realizado la sexagésima Asamblea de las Naciones Unidas, que no logró, como se esperaba, acuerdos sustanciales para avanzar en la reducción de la pobreza. No ocupó realmente un lugar importante en la Asamblea la situación de más de 1.000 millones de personas que sobreviven con menos de un dólar al día, y la de los 2.500 millones que viven con menos de dos dólares diarios.
Información de las Naciones Unidas sostiene que son sólo cinco países europeos, los que han cumplido su aporte del 0,7% de su PIB. Que el total de ayuda entre 2002 y 2003 se ha incrementado en conjunto de 0,23 a 0,25% del PIB de los países ricos, ni la mitad de lo comprometido. Para el 2006, optimistamente, se cubriría el 40% de lo requerido para superar la pobreza: 20 de los 50 mil millones.
Es más, en demasiados casos –dice la ONU- fueron objetivos de estrategia geopolítica los que decidieron la ayuda, en lugar de apuntar específicamente a la reducción de la pobreza, y en ocasiones fue en beneficio de los exportadores del país donante y de su visibilidad, antes que contribuir a la reducción de la pobreza.


Este desempeño, de los cinco años pasados, y lo ocurrido en la reciente Asamblea no sólo constituyen un indicativo de que no se podrá alcanzar los objetivos propuestos para el 2015, sino que es señal clara de que muchos países ricos, más propiamente sus gobiernos, no tienen realmente el propósito de erradicar la pobreza, sino, al parecer, de lograr una cómoda convivencia con ella.


En este contexto, qué nos cabe esperar a los países del sur? Si bien la verdadera ayuda al desarrollo -no la solapada y condicionada- es una importante contribución para mejorar la calidad de vida en nuestros países, tanto o más importante aún es asumir que la superación de la pobreza no vendrá de fuera, ni por la donación. Igualmente importante es asumir que parte de las causas y limitaciones de nuestra situación está en nuestros propios países.

La superación de la pobreza ha de darse desde dentro, desde la toma de conciencia de cada uno de nosotros como individuos y como colectividades de que somos capaces de vivir con dignidad; y por la resolución de nuestros problemas. Como en otros países, en Bolivia la mayor parte de los pobres viven en el área rural; y también aquí, es causa de la pobreza la inequitativa distribución y acceso a todo tipo de recursos, especialmente los recursos naturales (tierra, bosques, agua, minerales, etc.) que no está en manos de quienes la trabajan y la hacen producir o no lo está en suficiente cantidad.


Si logramos superar este problema, es seguro que podemos avanzar sustancialmente en la mejora de las condiciones de vida de la población que vive y trabaja en el área rural, no sólo de campesinos e indígenas sino de todas aquellas familias relacionadas directa e indirectamente con la producción rural. Si a ello sumamos políticas más contundentes de promoción y fomento a la producción nacional, potenciamiento de mercados y control sobre el contrabando de productos agrícolas, estaríamos en mejores condiciones en el mercado nacional y para exportar, al menos una lista considerable de productos. Otro tanto puede contribuir un uso productivo de los recursos emergentes del gas.

Asimismo, la obtención o no de préstamos y créditos de organismos externos y su adecuado uso es un tema que está dentro del país y la información sobre este asunto debiera estar disponible para la sociedad civil. Si discriminamos el endeudamiento útil y necesario del insulso -como ha habido mucho en el país- habremos avanzado otro tanto, ya que actualmente un porcentaje importante de nuestros esfuerzos y recursos van únicamente al servicio de la deuda externa.

Si bien lo dicho hasta aquí, hacia adentro, es importante igualmente importante es ver las cosas hacia fuera. Por ejemplo si tan sólo los países ricos permitieran transparencia en las normas internacionales de comercio agrícola y las subvenciones, parte de la situación de los países del sur mejoraría sustancialmente. Asimismo, si la deuda externa, sobre todo aquella que los mismos países poderosos y los organismos internacionales han obligado a contraer a nuestros países, se condonara, el esfuerzo de nuestros países mejoraría las condiciones de vida de la población, y seguramente no tendrían que esforzarse aquellos países en contribuir el 0,7% de sus PIB.

Si seguimos por el rumbo actual, las metas propuestas por la ONU tal vez sean logradas en un milenio, lo que nuestra dignidad de seres humanos no nos permiten esperar, por eso hay que andar caminos alternativos.

*Especialista en desarrollo rural CIPCA Dirección General

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