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Propuestas Económicas Productivas

Los periódicos anuncian el incremento de la gasolina, los noticieros televisivos indican “la gasolina sube”, los ministerios relacionados con el tema explican los pormenores de la misma, los transportistas amenazan con huelgas y paros, la población desconcertada. El incremento de los precios de la gasolina especial y del diesel lleva a una multitud a las calles, trastoca la agenda política y casi divide el país. Este cambio de precios afectaría demasiado los intereses económicos de sectores poderosos. Resultado: el gobierno cede bajo la presión y modifica su política.

Si hacemos una mirada global, econtramos que las políticas públicas dirigidas al área rural son limitadas. Hace unas semanas estuve un día en la feria semanal de Sacabamba, pueblito rural en el sur del departamento de Cochabamba, con una población altamente campesina y con un porcentaje de pobres del 98% según el Censo 2001. El producto del día era la papa mishka. Los campesinos traían sus cargas de papa en sus burros desde las diferentes comunidades dispersadas alrededor del centro municipal. Fue un día negro para los agricultores-vendedores. El precio ofrecido por los intermediarios-“rescatistas”-compradores había bajado hasta 80 Bs por carga comparado con los 110 Bs de la semana anterior. Eso significa una disminución de casi del 30% en una semana, lo cual es un impacto fuerte al ingreso de la familia campesina, cuando sabemos que la producción de papa mishka con destino a la venta representa más o menos el 30% del valor anual producido en Sacabamba. Este cambio en el precio tiene entonces un impacto directo sobre la economía campesina; un cambio menos debatido que el cambio de precio de la gasolina, pero que afecta al ingreso del segmento más pobre y frágil de la población boliviana.


¿Que pasa desde el punto de visto económico? En primer lugar, juegan las fuerzas de oferta y demanda. La cantidad de papa en el mercado incrementa, entonces el precio baja. En segundo lugar, es la volatilidad de precios abusiva. El campesino esta confrontado con compradores oligopsonistas en un mercado poco profundo; o sea un mercado donde hay pocos compradores-“rescatistas” quienes tienen el poder de determinar el precio. El poder del comprador en el mercado no solo resulta de su número limitado, sino también de las pocas alternativas que tiene el campesino excepto de vender, ya que la papa mishka no puede ser conservada por mucho tiempo porque pierde sus propiedades y por tanto su valor comercial. En resumen, el campesino no sólo se ve enfrentado por un precio que apenas puede influir, sino además, por la volatilidad de precios que aumenta su inseguridad de vida.


Estas imperfecciones en los mercados de los productos agrícolas son suficientemente conocidas. La Estrategia Boliviana de Reducción de la Pobreza (EBRP), la biblia de las intervenciones de desarrollo del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional en Bolivia, ya las identifica como problema importante en el desarrollo rural que textualmente indica “se recuerda que la promoción del desarrollo rural es propuesta como uno de los desafíos más importantes contra la pobreza boliviana”. Estas imperfecciones son aceptadas por los economistas como razones suficientes para realizar una intervención publica en el mercado.

Con lo expuesto, nos surgen algunas preguntas que dejo abiertas a la reflexión. ¿Porque los cambios de precios que sumergen a los pobres aún más en su situación precaria, no moviliza al gobierno con la misma agilidad que cambios de precios que afectan a los sectores poderosos? ¿Porqué debemos seguir pagando subvenciones a la gasolina que son económicamente insostenibles y apenas se consideran en políticas económicas a actividades productivas de sectores más necesitados? ¿Hasta cuando seguiremos esperando que el mercado resuelva los problemas económicos cuando es evidente que las imperfecciones en los mercados siguen profundizando la pobreza?


(*) Economista

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