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Propuestas Económicas Productivas

La temática del Municipio Indígena se teje sutilmente, de forma que no es perceptible a nivel nacional, porque existen otros temas mucho más grandes y polémicos que forman parte de la coyuntura nacional, como son las elecciones generales y prefecturales, la pelea por los escaños, hidrocarburos, Asamblea Constituyente, autonomías, entre otros.

La construcción, teórica y práctica, del Municipio Indígena se realiza apartada a los ojos de los poderes constituidos, debido a que son pocos lo que consideran este tema como prioritario y de relevancia nacional para ser insertado en la agenda política.

Si uno mira con cuidado puede ver que, en los últimos meses, el discurso de los alcaldes aymaras es más incisivo respecto a encarar la propuesta del Municipio Indígena; como haciendo eco de lo que sucede en Congresos Provinciales, Markas de las Organizaciones Campesinas, Planes de Gestión Territorial e incluso Estatutos Orgánicos en los cuales se incorpora este tema como una alternativa de desarrollo municipal con cogestión.

Estos datos nos invitan a reflexionar, lo que tal vez algunos ya lo hicieron, el concepto de Municipio Indígena, a fin de tener claro su significado, evitar la adopción de opiniones ajenas y construirlo colectivamente en el ámbito de las organizaciones. Así se impide la repetición insustancial de lo establecido por los distritos indígenas o sus alcaldes y caer en lugares comunes como que Municipio Indígena es sólo aquel en el que un Pueblo Indígena ganó las elecciones municipales.

Así, abierto el debate, se rescata la lectura que hacen las organizaciones indígenas – campesinas respecto a la construcción y concepción de la Gestión Indígena Municipal y con ella otros aspectos que la constituyen. Entre ellos, el tema del poder que se lo entiende desde tres posturas: el poder comunal, el poder individual y la intersección de ambos en la comunidad.

El poder comunal, es el espacio de decisión política colectiva (democrático o como cohesión de consensos) que se manifiesta a través de las personas reunidas en una asamblea en la cual todos deciden sobre asuntos de interés público, para posteriormente delegar estas decisiones a las autoridades; por tanto estas decisiones son la manifestación y/o expresión de dicho poder, por lo que, la instancia máxima de decisión por encima de todo, son los comunarios (jaqis) en tanto comuni¬dad reunida en asamblea.

La fuente del poder comunal se origina en cada uno de sus miembros, hombres y mujeres, que tienen la facultad y el poder de tomar decisiones individualmente, pero en directa referencia al bienestar común, en un espacio de construcción colectiva y de participación política abierta que es la asamblea.

Este comportamiento del poder tiene mucha influencia en la gestión de los actuales gobiernos municipales y es determinante para que exista gobernabilidad, aunque no necesariamente es reconocido como legal en el Estado boliviano, pese al reconocimiento del Convenio 169 de la OIT, a la Ley de Participación Popular y al Art. 71 de la CPE. Sin embargo, aún cuando no tiene una vigencia legal, en la práctica política indígena – campesina tiene total legitimidad, se aplica a la gestión municipal y es parte de la norma consuetudinaria.

Por otro lado el concepto de poder en las teorías políticas y sociológicas, se refiere a la influencia que tiene una persona en los actos y decisiones de los demás; a su capacidad de dominar, sojuzgar y subordinar. Entonces la fuente del poder son sus cualidades o características personales aunque no exclusivamente, así como su capital (económico, cultural o de otra índole). Esta forma de poder se adquiere, mientras que el poder comunal se asigna.

Estas formas de poder muchas veces no compatibilizan y entran en conflicto porque algunas personas (autoridades sindicales o municipales) no entienden el espacio en el que actúan, debido a que se enmarcan sólo en la ley olvidando que hay otras formas de hacer las cosas, distintas a las legalmente establecidas, donde el “otro” es también importante.

La cuestión de fondo es no absolutizar estos poderes, sino reconocer que existen ambos, porque no hay peor ciego que el que no quiere ver. Lo que se quiere es compatibilizarlos y para ello se debe legalizar el poder comunal delimitando sus funciones y roles; lo contrario perpetuará la existencia de conflictos con los consiguientes perjuicios a una adecuada gestión en los gobiernos municipales.

La gran virtud de muchos alcaldes, en cuyos municipios existe fuerte presencia de organizaciones sociales de base comunal, es no sólo administrar con ley en mano, sino también entender cómo funciona y se comporta el poder colectivo y actuar tratando de compatibilizar estas dos fuerzas para no generar conflictos.

Lo antedicho muestra que muchos alcaldes tienden a acercarse a las organizaciones para trabajar mancomunadamente, generando espacios participativos para la toma de decisiones, en los cuales se establecen lazos de solidaridad, cooperación y dependencia mutua. Muchos alcaldes se han dado cuenta que para una buena gestión municipal, no solo basta tener buenas relaciones con el Concejo Municipal o el Comité de Vigilancia, sino también tomar en cuenta la Participación Colectiva en la Gestión Municipal.


Próximamente, en la segunda parte de este artículo se abordará: las formas de participación política y las relaciones entre Estado y Sociedad Civil como complemento de la acción política.

* Sociólogo CIPCA La Paz

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