Por una Bolivia democrática, equitativa e intercultural
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Propuestas Económicas Productivas

Desarrollando más las ideas presentadas en varias CipcaNotas y las últimas en el Nº 102, presentamos una visión breve, que sintetiza el conjunto enorme de detalles últimos de las horas clave de la lucha política nacional.

Las acciones políticas (bloqueos, discursos radicales, amenazas, ultimátums, asaltos de tierras, gritos de independencia, etc, y movilizaciones, iniciativa ciudadana, propuestas de autonomía, renuncias, etc.) de los dos bloques radicalizados de la confrontación política boliviana actual, buscan en una lógica de exterminio o de confrontación total producir desgastes políticos en el otro actor, desgastes entendidos como mermas del caudal y capital político acumulados.


Y en la medida de esa merma, se avanzará hacia la superación política y hegemónica del aparente empate de enero del 2005. El desempate político se asienta en los sectores ciudadanos cada vez más amplios (sobre todo de clases medias urbanas fuertemente ciudadanizadas, en el sentido de impactadas por el principio plebiscitario de relación personal-individual con la autoridad estatal) sectores con fuerte sensibilidad a determinadas certezas hegemónicas como el mercado, la ciudadanía, la estabilidad sociopolítica, el cambio pero con orden, el respeto y la tolerancia en democracia, la seguridad jurídica para todos, y otros aspectos, el desempate tiene ya posibilidades sociológicas reales de iniciarse.


Pero también las dos visiones de desarrollo del país y posiciones políticas confrontadas pueden dar lugar a una tercera alternativa de centro izquierda progresista, democrática y moderada sin líder visible, asentada en la susodicha mayoría silenciosa no comprometida en afanes corporativos de los extremos polares de la confrontación.

En esta situación, brevemente planteadas, las alternativas pacíficas y democráticas inmediatas combinables parecen ser:

 

i) Acuerdo Nacional de líderes de las visiones polarizadas sobre temas mínimos y sobre procedimientos: a) Elección de Prefectos, b) Referéndum autonómico, y c) Asamblea Constituyente, d) Elecciones Nacionales. Mesa –y una vez que se aceptara su renuncia- u otro (Eduardo Rodríguez ya que Vaca Diez dijo querer una salida de “unidad”) jugarían simplemente el papel de árbitro neutral de la confrontación bipolar. Los acuerdos políticos deberían tener el carácter de complementos o paridades esto de aquí-esto de allá, en todos los casos. Por ejemplo, Referéndum autonómico-Elección Constituyentes. Ahora, la pregunta, es esto posible con mediación de la Iglesia dado el grado de radicalidad de algunos actores sociopolíticos? Pronto lo sabremos.


ii) Adelantamiento de elecciones con Mesa o sin él, que contiene también la alternativa de desarrollo del actual protopartido Mesista para copar el centro político. Los nuevos resultados abrirían la posibilidad de la salida con rumbo definido que daría mayor estabilidad a la crisis nacional. Implicaría en cierta medida la inicial victoria del centro sociopolítico masivo visibilizable –como en El Alto- en momentos electorales. No solo hay dos polos extremos como intencionalmente plantea García Linera: MAS-MIP-M-17-COB versus Comités Cívicos-MNR-MIR-ADN, sino que también existe la “mayoría silenciosa” que –claramente- no votaría por opciones radicales rechazaría fuertemente a la izquierda como el año 1985. Implica, además, una agenda mínima de temas a concertar antes de las Elecciones Generales que estabilizarían inicialmente al país para iniciar otra etapa sociopolítica.


Los otros caminos deseados por algunos, si falla la intención mediadora de la Iglesia Católica en las próximas horas, y que se podrían combinar rápidamente pero que implican la ruptura del marco democrático y la crisis total del Estado boliviano, serían:


i) Gobierno civil-militar o militar-civil de transición. Los ensayos hasta ahora han sido muy débiles y aparentemente han fallado: Dos coroneles y un general. Esta alternativa se puede vincular con una próxima intención militar de poner orden por la fuerza. Implica mucho riesgo de violencia y puede ser el inicio de la guerra civil.


ii) Revueltas populares discordinadas o coordinadas, como el M-17, el MIP y algunos del MAS lo desean. Posible si se potencian éstos radicales. Si acceden a Palacio y toman La Paz, el país se dividiría y se desatarían fuerzas centrípetas que separarían a regiones y clases sociales.. Aquí, es posible la intervención de fuerzas militares externas y quizá sería el inicio de una guerra civil.


iii) Guerra civil de baja intensidad (en ausencia de sectores sociales fuertemente armados como en Centroamérica o Colombia), con posibilidad de estabilización vía injerencia externa. El inicio de Guerra Civil: Asedio a Santa Cruz y enfrentamientos entre radicales de izquierda y radicales de derecha. Asedio a ciertas zonas de La Paz y El Alto y confrontación entre vecinos radicales de izquierda y vecinos que cuidan sus casas y negocios. Posible intervención de fuerzas militares externas para estabilización inicial.


iv) Golpe de estado militar preventivo o no. Poco probable pero no imposible. Condiciones internacionales y nacionales escasas para una intervención efectiva. EE.UU y la OEA han priorizado la democracia, aunque no descartan la intervención de éstas en conflictos internos. Las FF.AA. de Bolivia podrían controlar el territorio nacional a costa de mucha violencia o a un pacto militar civil amplio; quizá la formación de un gran bloque civil militar pudiera tener suficiente fuerza para estabilizar el país.


Un apunte final. La historia no es precisamente un destino. En ella existe un gran margen de acción de las voluntades políticas de individuos y grupos. Los líderes de ambos extremos polares de la Bolivia de hoy tendrán conciencia de ello? Y aunque no la tuvieran, la historia próxima los juzgará: en las Elecciones Generales.


(*) Sociólogo alteño, Director de CIPCA La Paz

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