Por una Bolivia democrática, equitativa e intercultural

 

Propuestas Económicas Productivas

Si la primera etapa de la transición en Bolivia, octubre 2003 a diciembre 2005, tuvo acciones movilizadas de la izquierda moderada y radical que desplazaron parcialmente a los partidos tradicionales del poder, con los resultados de las elecciones de diciembre se iniciaría la segunda etapa de la transición, que tendrá varias fases según la ubicación de esas fuerzas con respecto a un Estado que cambiará y mostrará la multidimensionalidad de la estructuración del poder: con una minoría política en el Gobierno Nacional, la primera elección de Prefectos y la Constituyente posterior.

LA POLARIDAD REQUETEPRESENTE

Las encuestas nos reiteran de la polarización ya conocida y su cuantificación ciudadana para fines del 2005: Tuto y Evo, o Evo y Tuto, 35% cada uno?, como expresión de dos visiones confrontadas y extrapoladas en la manera de ver el país y su desarrollo próximo. El tercero en discordia, por ausencia de carisma o por asintonía con los tiempos, es un centro “ligth”, muy débil, aunque electoralmente importante para una segunda vuelta congresal y una posible gobernabilidad post enero 2006.

Los programas de ambos polos muestran la confrontación de visiones. En una, el mercado libre es central con cierta dosis de protagonismo estatal regulatorio en materia económica, intervencionista en materia social y un cierto sesgo negociador con poderes externos influyentes. En la otra, el libre mercado está sometido a la planificación estatal centralizada, con atisbos de confrontación con poderes externos presentes, cierta nostalgia de un Estado benefactor que proteja a los más desfavorecidos en lo social y tenga mano firme en la economía nacional.

La esperanza del protopartido de Carlos Mesa se perdió entre mayo y junio del 2005, en maniobras políticas que dilapidaron el capital político y simbólico de lo que pudo ser un centro robusto que disminuya la fuerza de los polos. Pero la historia suele parir lo que gesta: los polos son los hijos legítimos de esta esquizofrénica transición, donde algo busca nacer definitivamente y algo no termina de morir.


LOS RIESGOS DE LOS CORPORATIVISMOS

Existen ejes de articulación sociopolítica en ambos polos. En el MAS las organizaciones sociales fuertemente ideologizadas, donde juega un rol clave la dirigencia campesina (con su núcleo duro en los cocaleros) más radical y con más poder que los sectores gremiales y urbanos.
Su base de acción es el corporativismo sindical izquierdista tradicional de acento populista. Si es oposición, ellos volverán a la primera línea de la lucha política (ver declaraciones al respecto) y dada su historia mediata e inmediata (febrero y octubre 2003, junio 2005), este protagonismo podría asumir ciertas formas de violencia. Si el MAS llega al gobierno nacional, ellos podrían actuar como el corporativismo populista del MNR entre 1953 y 1964, defendiendo un proceso con sentido de propiedad; aunque también podrían actuar como con la UDP, cuando estaban en el gobierno, pero desde las organizaciones sociales lo atacaban.

Con Tuto, su amplia base social conducida por líderes de muchas Agrupaciones Ciudadanas, donde se retrajo parte del electorado de los partidos de derecha y opciones liberales, podría agudizar su radicalismo también en doble dirección.

Si es de oposición, tendiente a generar desde las regiones y sectores socioeconómicos comprometidos con él, condiciones de ingobernabilidad para un posible gobierno del MAS. Si es Tuto Presidente, estos sectores podrían asumir formas corporativas de defensa de “su” gobierno que bien puede conducir a excesos de fuerza, con asiento en la poderosa influencia de grupos regionales corporativizados.

¿Estos corporativismos agazapados en los polos, podrían en sus excesos contener y reeditar a los autoritarismos grupales y de masas de la izquierda movimientista de los 60s o a las llamadas “hordas fascistas” y a “grupos comunistas” de los 70s.? ¿Aparecerán, como antes, los émulos del ELN (Ejército de Liberación Nacional) izquierdista, que se enfrentarán a los émulos del ECN (Ejército Cristiano Nacionalista) de la derecha, de trágica presencia a fines de los 60 y principios de los 70? ¿Mineros movilizados en buses vs. jóvenes cruceñistas serán un anticipo contemporáneo de ellos?. Esto, podría llevar a graves formas de violencia social.

En la historia nacional de los últimos 50 años, hubo un actor dirimidor de esa pugnacidad social: el Ejército. Hasta ahora su unidad e institucionalidad permitió seguir avanzando en este frágil proceso democrático. ¿Sucumbirá también aquél a la polarización y al muy presente ajedrez geopolítico sudamericano?


EL PODER SANDWICH O LAS PUGNAS HEGEMONICAS MULTIDIMENSIONALES

Si hay Asamblea Constituyente, de su composición y acuerdos previos dependerá su viabilidad. Con equilibrio y acuerdos, podría rematar en un Referéndum de salida que avale las modificaciones logradas. Si no, se convertiría en un sobre-poder, que con el carácter soberano de su origen, inhabilitaría un gobierno mínimamente estable, tendiendo a una disputa desestructuradora con los Gobiernos Departamentales y el Gobierno Nacional.

Pero también la etapa que se inicia en diciembre 2005 -si la democracia es fuerte- podría asentarse en acuerdos políticos de gobernabilidad entre el primero posesionado y otro partido (segundo o tercero en las elecciones) que brinde apoyo a la gobernabilidad, con un tercero como oposición democrática. Esto solo puede ser un deseo. ¿Se requerirá de otros años de dictadura y heroicos “mártires” para aprender que en democracia se debe establecer acuerdos y pactos, ciertamente transparentes, para que coexistan visiones e intereses diferentes pero más o menos legítimos?

Un modo de frenar la posible agudización de las expresiones corporativistas y autoritarias de la polarización, es que la pugna de hegemonías multidimensionales: Gobierno Nacional - Gobiernos Departamentales - Gobiernos Municipales -Constituyente, logren re-equilibrar transitoriamente los espacios de poder ganados democráticamente sin pretensiones vanguardistas o de predestinados históricos, pues todos estos poderes provendrían de legitimidades parciales que deben articularse para sobrevivir.

Entre el análisis y el deseo, ojalá que de tanto caminar al borde del precipicio, la democracia en Bolivia no resbale y en su caída arrastre a ingenuos y malintencionados. La inmediata prueba de fuego será el 18 de diciembre. Si pasamos ese día sin ánforas quemadas y sin violencia, podrá ir descartándose la hipótesis Loayza. Si llega la violencia civil y el recurso de fuerza del estado se divide, podríamos repetir -más grande o más pequeño- lo de febrero del 2003, y de ahí a reiterar lo de octubre solo dista un paso.

(*) Sociólogo alteño, Director de CIPCA La Paz.

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