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Propuestas Económicas Productivas

La transición iniciada en octubre del 2003 por ser tal es un proceso temporal que tiene distintas fases según la colocación de los factores de poder real frente al Estado. La transición más semejante por sus características y por la identidad sociopolítica de los actores en pugna fue la de 1970 con Tórrez, resuelta meses después por Banzer. Ella, se alargó, en su definición (en los marcos autoritarios de esos años) hasta 1974; pero en ese entonces no hubo posibilidad de acuerdos. Será que ahora si?

Fase 1. Inicio de la crisis: 2000 a enero 2003.

La crisis de Estado y de hegemonía que aún vivimos se inició el año 2000 con el agotamiento de los pactos interpartidarios (entre el MNR-ADN-MIR-UCS-CONDEPA-MBL) como sostén de la gobernabilidad democrática y la evidencia de los magros resultados sociales en democracia. La muerte temprana de Palenque y Fernández, liberó a ciertas masas populistas de occidente que desbandadas se entregaron a otros liderazgos y otras visiones semejantes (MAS-MIP). Sincrónicamente, se produjo la redefinición de temas en el sindicalismo partidista izquierdista tradicional ahora travestido de etnicista, de defensor de los derechos humanos y de los recursos naturales. No fue casual, en esta fase, la confrontación por asuntos de agua en Cochabamba. Los límites reales de las políticas públicas de las élites políticas tradicionales encerradas en sus castillos de cristal, contribuyeron al reagrupamiento sindical y a la inicial y masiva salida de la política de izquierda a las calles (Coordinadoras, COB, CSUTCB, MAS, MIP) que inició la recuperación de su cultura política corporativista mostrando a la vez sus límites reales en su capacidad de concertación en el Congreso.

Fase 2. Los rostros duros de la crisis: Febrero y octubre de 2003.

Una expresión dramática de la crisis fue el amotinamiento policial de febrero de 2003 y la asonada popular con intento de toma de Palacio por sectores y grupos vinculados al MAS, al MIP y otros de izquierda. Aquí fue clave el rol del Ejército y su monolítica e institucional actuación evitó que la crisis lo consumiera, convirtiéndose más bien en parte de la salida a la crisis al posibilitar la permanencia del Gobierno legalmente establecido.

Desde la sociedad civil, la victoria de la política izquierdista de las calles frente a la política institucionalizada tuvo su momento culminante en octubre del 2003 cuando una revuelta popular, apoyada sobre todo en occidente y ejecutada por una parte de la ciudadanía alteña con apoyo rural aymara y minero, logró el desplazamiento de Sánchez de Lozada del Ejecutivo y la sucesión Constitucional de Carlos Mesa, configurándose desde allí la llamada “agenda de octubre” (Referéndum, Ley de Hidrocarburos y Asamblea Constituyente) marcada por su origen de fuerza desde el occidente del país.

Ambos hechos, mostraron al desnudo la gravedad de la crisis y la imposición de una visión, una región y una forma de hacer política sobre otra. Los muertos y heridos de febrero y octubre, utilizados como bandera por unos y como descargo por otros –escapando a la responsabilidad clara de dirigentes sociales y autoridades políticas- contribuyeron a polarizar más a un país gradualmente mas dividido políticamente desde el 2000.

Fase 3. Predominio izquierdista: noviembre 2003 a diciembre 2004.

Ante el inicial anonadamiento de las fuerzas políticas tradicionales (MNR-MIR-ADN-NFR-UCS) asentadas sobre todo en el oriente pero con presencia nacional, se produjo una pseudoalianza Mesa – MAS-MIP con el tácito predominio de la izquierda en esta fase. Las enormes expectativas corporativizadas en el sector popular salieron a flote y gradualmente pusieron a Mesa contra la pared en una reiteración de viejas prácticas izquierdistas (recuérdese los casos del equilibrista político Tórrez el año 70 y de la victima de la misma izquierda, Siles Suazo del 83 al 85, en una suerte de aplicación del famoso “poder dual”). El fin de esta fase fue la denuncia mediática de lo dañino de esas acciones por parte de Mesa, responsabilizando a líderes y caudillos de la izquierda por ello. Pareció acabarse el tiempo del idilio de Mesa que cedía ante todas las presiones “desactivando” conflictos.

En esta fase, la acción política más importante fue el Referéndum sobre los Hidrocarburos. Sus resultados señalaron claramente la presencia masiva de ciudadanos no corporativizados, no polarizados, que eran parte de un masivo pero silencioso centro sociopolítico en espera de nuevos liderazgos. También las fuerzas políticas desplazadas en octubre fueron transitando gradualmente del susto al lento reagrupamiento y al diseño de una estrategia de contraataque. La cuna del reagrupamiento, como en 1971, fue el oriente del país, cuna de la visión democrático liberal de Bolivia, opuesta a la socializante y estatizante del occidente.

Fase 4. Reequilibrio de fuerzas y guerra de posiciones: enero 2005 a mayo 2005.

Esta fue una fase muy corta. Con su indecisión entre si jugar limpio en democracia con un nuevo equipo y con innovación en las reglas, o si “convertía el proceso de transición en proceso revolucionario”, el MAS fue pagando la factura de “contaminarse” con el populismo basista, sindical y tradicional, mostrando los límites del corporativismo social de los sindicatos y organizaciones rurales y urbanas izquierdistas, inadecuada y fantasmagóricamente llamados “movimientos sociales”. El no tener fronteras claras con los sindicatos populistas y radicalizados hicieron que el MAS actuara como ellos y fuera desgastándose en el plañiderismo discursivo y el maratónico activismo político predemocrático con huelgas, paros, bloqueos, etc., y esta vez, a diferencia del 71, frente a las cámaras televisivas nada neutrales en la pugna política.

En enero del 2005 el Comité Cívico de Santa Cruz, luego de un proceso previo de debate, acercamiento y distanciamiento con otros Comités departamentales que concentran a notables culturales y económicos de las regiones, planteó un nuevo modelo de Estado reclamando la autonomía departamental de Santa Cruz, apoyado por Tarija y otros departamentos. Este hecho, refrendado por una movilización tan o mas grande que la que había expulsado a Sánchez de Lozada desde El Alto, puso en la cancha la “Agenda de Enero”, representativa de la otra fuerza política ahora reestructurada. Con ello, se había reestablecido el equilibrio político e ideológico nacional y la cancha tenía 2 equipos de jugadores.

Se re-iniciaba el partido y el predominio de la izquierda llegó a su fin. Aparentemente el “empate” (si había tal) podía ahora sí empezar a dirimirse.

Fase 5. Inicio del redespliegue hegemónico: mayo 2005 hacia adelante.

La reciente aprobación en el Parlamento de la Ley de Hidrocarburos apoyada paradójicamente por los representantes del bloque liberal (MNR, MIR, ADN, oriente, Tarija y otros) muestra que Carlos Mesa es solo lo que su origen le marca: un cesarista civil, sin poder real y que el Parlamento y las calles (ahora con dos bloques –oriental y occidental.- en juego) son los verdaderos dueños del poder.

La “Agenda de Octubre” en su componente inconcluso (Asamblea Constituyente) no es viable pacífica y democráticamente si no hay acuerdo con la Agenda de Enero. No habrá, tampoco Estado autonómico sin el occidente. Esos acuerdos desde el 2002 hasta ahora no se dieron por el radicalismo de ambos extremos, pero sobre todo por las visiones estrategistas y dogmáticas de los líderes izquierdistas (y sus asesores, desde luego) que permitieron que sus oponentes se apropien de la Ley de Hidrocarburos..

Las acciones políticas de unos y otros (bloqueos, discursos radicales, amenazas, ultimátum, asaltos de tierras, etc, y movilizaciones, iniciativa ciudadana, propuestas de autonomía, etc.) irán generando desgastes políticos en el otro actor, entendidos como mermas del caudal y capital político acumulados desde el año 2000. Y en la medida de esa merma, se avanzará hacia la superación hegemónica del aparente empate de enero del 2005. Al asentarse en sectores ciudadanos cada vez más amplios (sobre todo de clases medias urbanas) algunas certezas hegemónicas como la estabilidad sociopolítica, el cambio pero con orden, el respeto y la tolerancia en democracia, la seguridad jurídica para todos, y otros aspectos, el desempate tiene ya posibilidades sociológicas reales de iniciarse.

También las 2 visiones de desarrollo del país y posiciones políticas confrontadas pueden dar lugar a una tercera alternativa de centro izquierda progresista, democrática y moderada sin líder visible, apoyado por la mayoría silenciosa no comprometida en afanes corporativos de los extremos polares de la confrontación.

 En esta situación, las alternativas pacíficas y democráticas inmediatas parecen ser:

 a) Acuerdo Nacional de líderes de las visiones polarizadas sobre temas mínimos y de procedimiento: a) Elecciones de Prefectos, b) Referéndum autonómico, y c) Elecciones Nacionales. Mesa jugaría simplemente el papel de árbitro neutral de la confrontación bipolar.

b) Adelantamiento de elecciones con Mesa o sin él, que contiene también la alternativa de desarrollo del actual protopartido Mesista para copar el centro político. Los nuevos resultados abrirían la posibilidad de la salida con rumbo definido que daría mayor estabilidad a la crisis nacional..

Los otros caminos, deseados por algunos pero que implican la ruptura del marco democrático serían:

i) insurrección popular, como el M-17, el MIP y algunos del MAS lo desean.
ii) guerra civil de baja intensidad, con posibilidad de estabilización vía injerencia externa.
iii) golpe de estado militar preventivo o no.

Un apunte final. Frente a todo esto, no debe perderse de vista que la transición busca la superación de la crisis de Estado y de hegemonía que le dio origen. La reestructuración del Estado es un proceso más sencillo por lo que las reformas constitucionales podrían realizarse teóricamente sin democracia. La recuperación o redespliegue hegemónico es un proceso mas largo que requiere como paso previo la superación inicial (con cambios claro) de la crisis de Estado para desde aquí asentar la nueva hegemonía que en las circunstancias de empate aparente debería recoger partes importantes de la hegemonía previa construida ya desde los años 70 y proyectada en democracia desde los 80 hasta hoy.

(*) Sociólogo alteño, Director de CIPCA La Paz

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