Por una Bolivia democrática, equitativa e intercultural

 

Propuestas Económicas Productivas

La posesión de Rodríguez Veltzé como Presidente es sólo una “alentadora tregua”, momentánea. La crisis reciente de junio del 2005 con su alta densidad de hechos concentrada en horas, nos permite atisbar algunos rasgos del futuro real posible para Bolivia en los próximos años. Rápidas y breves reflexiones sobre ello desde el punto de vista de las hegemonías.

1. La hegemonía es la capacidad de convencimiento y dirección. Plantea la cuestión del sujeto sociopolítico capaz de conducir procesos político-ideológicos. En tiempos de la sociedad bipolar del pasado siglo XX la discusión se centraba en si los sujetos históricos clasistas podían construir hegemonías, es decir irradiaciones ideológicas de corto, mediano y largo plazo sobre las otras clases y grupos sociales a fin de legitimar sus intereses y hacerlos nacionales, convertirlos en voluntad general y conducir a la sociedad en esa dirección.

2. El raudo siglo XXI presente, en el marco de las globalización en marcha y las reacciones nacionales para redefinir la personalidad de los Estados Nacionales y la emergencia de una diversidad de actores multipolares anclados en diversos tipos de identidades (culturales, regionales, clasistas, etc.), plantea la necesidad de nuevas hegemonías no ya en el sentido singular-bipolar, sino en su dimensión plural y compleja.

3. Estas nuevas hegemonías de inicios del Siglo XXI serán más aleatorias, en el sentido de ubicuidad, y dependerán de la capacidad de algún actor político de expresar y representar de un modo más acabado, convincente y orgánico los intereses de las otras identidades en términos de una horizontalidad discutida, construida y aceptada.

4. En Bolivia, en el centro de la crisis de Estado y hegemonía del 2005, el aún incipiente horizonte de visibilidad analítica permite observar que se configurarían cuando menos tres tipos de hegemonías:

a) Hegemonías de alcance nacional, que deberán contener capacidades de sujetos sociopolíticos para articular ideológica y discursivamente la enorme diversidad socioeconómica, cultural, política, y de otro tipo del conjunto nacional, es decir de lo que hoy es aún Bolivia.
Su presencia al mas corto tiempo a partir de la crisis actual, probablemente garantizaría la cohesión nacional y cuanto más tarde se presente alargará más el tiempo de crisis y haría depender su solución de visiones autoritarias. Los que logren conectarse de un modo adecuado con partes de la hegemonía de etapas políticas anteriores del siglo XX, asumidas ahora por sujetos de mayor consistencia y organicidad, podrán participar con ventaja en los procesos políticos nacionales futuros.

b) Hegemonías de alcance regional, que en vistas de los procesos de descentralización y autonomías (departamentales y otras), deberán construirse en función de las diversidades socioculturales de alcance subnacional. Así, en el oriente amazónico y platense, podría construirse articulaciones hegemónicas según la capacidad de sus élites regionales, sus características socioeconómicas y la representatividad de sus grupos étnicos. En el occidente del país, de fuerte tradición tanto corporativa (colectiva o grupal) como ciudadana (individual), una articulación de ambas formas de hacer política y, sobre todo, la capacidad de liderazgos y actores culturales de la confrontación-resistencia de diseñar discursos y visiones que pasen la prueba indefectible del voto ciudadano, disputarán entre si, espacios de poder.
Región por región, habrá que ver que sujetos están constituidos, o qué sujetos requieren consistencia y organicidad para la pugna política democrática.

Asimismo, estas hegemonías regionales deberán tener la capacidad de conexión no-dependiente, es decir horizontal, con las hegemonías nacionales.

c) Hegemonías locales, donde en el nivel municipal – que aún con cambios (quizá hacia los municipios indígenas) se modificará solo gradualmente- los liderazgos individuales apoyados por organizaciones y cuerpos (en el sentido de corporativismos) de diversa índole, podrán acceder al poder.

Su conexión más lógica esperable es con las hegemonías regionales. Sin embargo, también puede haber conexiones con las hegemonías nacionales; el grado de horizontalidad estaría en definición.

Los nuevos actores eminente y específicamente políticos de estas hegemonías no serán ya solo los Partidos; esto ya empezó el 2004. Las Agrupaciones Ciudadanas y los Pueblos Indígenas –eventualmente con cambios o modificaciones o ajustes próximos- ingresarán en los 3 niveles de construcción hegemónica en disputas-acuerdos democráticos, que incluyendo el central tema de la interculturalidad, configurarán las nuevas modalidades de la democracia pactada del siglo XXI –diferente de la democracia pactada del siglo XX-, esta vez ampliada con la ratificación del voto popular, las consultas directas (referéndums,) las iniciativas legislativas ciudadanas, la segunda vuelta electoral y otros mecanismos que complementan la democracia representativa del siglo XX.

Todo esto se produciría solo si se mantiene el proceso democrático, elecciones nacionales próximas de por medio. La Asamblea Constituyente, entendida como un punto central del proceso de construcción democrática de Bolivia, pero sólo un punto, tendría posibilidad de éxito en la medida en que exprese adecuadamente a las fuerzas sociopolíticas existentes, visibles y con vida en junio del 2005. Si se la piensa como una AC insurreccional o parcial que exprese solo a una parte del país, su éxito podrá basarse únicamente en el uso de la fuerza permanente, lo que, por lo visto de la crisis del 2003 al 2005 tiene como riesgos la salidas autoritarias de diverso origen, social o institucional, o peor aún que la inestabilidad se convierta en el modo de ser nacional, una especie de libanización de Bolivia.


(*) Sociólogo alteño y Director de CIPCA la Paz

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