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Propuestas Económicas Productivas

¿Racismo en Oriente y Occidente? Al respecto se ha dicho mucho. Es que las imágenes en las que la Unión Juvenil Cruceñista golpeaba ferozmente a indígenas y campesinos en Santa Cruz o aquellas donde marchistas quitaban corbatas a transeúntes en La Paz, todavía están frescas en nuestras memorias. No son novedad los tintes de violencia a que recurren los medios de comunicación para informarnos, pero esas imágenes nos impactaron de manera particular.

En busca de vislumbrar acciones transformadoras sobre cómo se informa desde los medios de comunicación, he recurrido al marco ético de los Derechos Humanos. La Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación Racial, dice “Los Estados partes condenan toda propaganda y todas las organizaciones que se inspiren en ideas o teorías basadas en la superioridad de una raza o de un grupo de personas de un determinado color u origen étnico, o que pretendan justificar o promover el odio y la discriminación racial...” Si esto es condenable ¿por qué los medios han entrado en la lógica de exacerbar los racismos como telón de fondo de las demandas regionales que son más bien del ámbito político? ¿Qué intereses están detrás de todo esto?

Quienes hacemos periodismo sabemos que desde que escogemos al protagonista de nuestra nota, el espacio que le damos, las frases que resaltamos, nos estamos moviendo en la delgada línea divisoria entre la objetividad y la subjetividad. Retornemos a la Convención contra la Discriminación Racial: “Prohibir y eliminar la discriminación racial… garantizar el derecho de toda persona a la igualdad ante la ley sin distinción de raza, color y origen nacional o étnico…; el derecho a la protección del Estado contra todo acto de violencia…;el derecho de tomar parte en elecciones, elegir y ser elegido,… el de participar en el gobierno y en la dirección de los asuntos públicos…” Qué difícil para el Estado aplicar este artículo! No prohíbe la discriminación racial en los medios informativos por temor a ser acusado de ‘amordazar’ la libertad de expresión, tan enarbolada, o mejor, tan abusada por los medios.

En la Conferencia sobre la Redefinición de los Medios en USA (2002), el congresista Bernie Sanders habló sobre los graves efectos de una prensa atada a los grandes intereses económicos que se permite imponer la agenda de lo que es importante y decidir lo que no se debe difundir; y esto se ha dado por la concentración de los medios en determinados poderes económicos que los han utilizado como instrumentos estratégicos de acceder y detentar el poder político. En Bolivia en general y en Santa Cruz en particular eso no es distinto; claro ejemplo son las redes televisivas: Unitel y Red UNO (incluido su programa Que no me Pierda), el canal Megavisión, el diario El Mundo, algunas radios; basta ver sus ediciones de mayo y junio de este año. Los que hacen periodismo en estos medios, desde los que dirigen -deliberadamente- hasta los que obedecen -de manera ‘desin-formada’- contradicen cánones éticos reafirmados por la Plataforma Mundial sobre los Derechos a la Comunicación en la Sociedad de la Información que privilegia el acceso equitativo a los medios de comunicación. Si estos informadores desconocen estas pautas, deberían pensar seriamente en dedicarse a otro oficio porque últimamente es raro ver en los medios a una campesina, a un indígena o a un migrante que sobrevive en la ciudad. ¿Y la gente? Consume los odios, el glamour y la propaganda política de los informativos, quizás por falta de ciudadanización!

Ahora bien, ¿qué de los ‘racistas a la inversa’? En el estudio Discriminación étnico-racial y xenofobia en América Latina y el Caribe (1994) de Martín Hopenhayn y Álvaro Bello, la población indígena de América Latina llega a 35 millones de habitantes portadores de los peores indicadores económicos y sociales. No por nada en los ‘90 los pueblos indígenas demandan reconocimiento y mayor presencia pública, asuntos que las democracias no pudieron ignorar y retaron a construir una ciudadanía con diversidad cultural y a ampliar la participación de estos actores en la toma de decisiones. Aparecen espacios de ‘diálogo público’ para contribuir el ejercicio de derechos y a superar las inequidades. Es aquí donde el protagonismo de los medios de comunicación se interpela. Ellos deben cooperar en revertir la xenofobia porque son formadores de la opinión pública. Pero, he ahí una deuda pendiente. “Los medios suelen activar el patriotismo xenofóbico que ‘vende’…, debieran existir formas de sancionar o al menos objetar, todo trato peyorativo de los medios hacia ciudadanos por motivos de raza o etnia” (Hopenhayn y Bello).

Con racismos de distinto tipo, la intolerancia está por las nubes. La bronca es saber que por irracionalidades o intereses particulares nos estamos enfrentando, lastimando, desesperanzando. Están mellando nuestra aptitud de AMAR. Ni los medios ni nadie tienen derecho a hacer eso!

(*) Comunicadora CIPCA Santa Cruz

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