Por una Bolivia democrática, equitativa e intercultural
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Propuestas Económicas Productivas

Cada vez se hace más frecuente emplear la idea de vacío de poder (VP) como una amenaza cercana, producida principalmente por las indecisiones de los actores políticos en escena. Más, el VP se hizo presente desde el momento en que la democracia pactada, aparejada con el modelo económico vigente, comenzó a ser cuestionada ampliamente, ya que el VP expresa el lapso transitorio de pérdida de hegemonía de un aparato estatal que ya no puede gestionar los recursos de poder.

La convulsión decantó en dos agendas (octubre y febrero) que desnudaron el quiebre regional. El VP va articulando esta problemática regional con otros temas que se constituyen en las aporías de la crónica etapa que vive Bolivia. Pensamos por ejemplo en los sistemáticos modos de exclusión social que matices más, matices menos, siempre estuvieron imbuidos de un racismo velado y una frecuente exaltación de lo blanco en detrimento de lo indígena. Esta situación provoca la composición de etnias y/o naciones a la defensiva y cerradas a todo componente pluralista y tolerante, rompiendo los frágiles canales comunicativos y generando el escenario propicio para la reproducción de prácticas verticales avaladas por actitudes autoritarias.
El componente machista es otro elemento de la exclusión que corre transversalmente por todo el tejido social, relegando a la mujer a un rol secundario en casi todos los ámbitos de la sociedad.

Sin embargo, superponiéndose a estas lógicas por demás conocidas, existe una fuerte tendencia a revalorizar las identidades y cosmovisiones indígenas, a diseñar y emplear políticas de discriminación positiva que vayan a posicionar a la mujer en espacios más amplios de la toma de decisiones en la sociedad. Resultado de ello, hay un vacío en el encuentro de las propuestas fragmentadas de una democracia más inclusiva y participativa, con los mecanismos propios de la democracia representativa.

Otro factor que da cuenta del actual VP, es la ausencia plena de modelos económicos alternativos al actual. El modelo económico implantado por el D.S. 21060 fue aplicado duramente durante todas sus etapas, desde su implementación hasta su consolidación, siendo que su diseño obligaba a bajar gradualmente la intensidad de esa línea dura. La poca capacidad de sus gestores para flexibilizar el modelo desgastó su utilidad, reflejada solo en las cifras macro, sin impactar del mismo modo en el nivel micro.

Hoy por hoy, hasta sus defensores más férreos están conscientes de que el modelo no responde a las condiciones actuales y debe ser modificado y/o cambiado por otro que sea más adecuado a la realidad. Ante la ausencia de alternativas lo que se hace es mirar al pasado y en un proceso de aggiornamiento (proceso de refuncionalización de instituciones y prácticas en desuso), proponer intenciones “nacionalizadoras” que sin suprimir el modelo actual tampoco lo modifican en gran medida.


La crisis mediática también explica, en parte, el actual vacío en el que nos encontramos. Los partidos políticos lograron desplazar a los grandes sindicatos en el flujo de relaciones que deben existir entre la sociedad y el Estado. Pero, ¿realmente logramos conformar un sistema de partidos que cumpla la función de mediación? Lo que existe ahora se asemeja más a una red de individuos unidos en torno al acto electoral; residuos de los partidos tradicionales que se acercaron a la sociedad mediante mecanismos de prebenda y clientelismo.

Los medios de comunicación suplieron en parte esta falencia, aunque fabricaron, dudosamente, algunos espectros que enseñaron a la sociedad que no todo comunicador puede hacer de buen político, o de buen mediador. La mediación ausente provocó ciertas reformas que devuelven a la sociedad la capacidad de reconstruir esos canales mediáticos vía agrupaciones ciudadanas o pueblos indígenas. Es muy pronto para concluir qué resultados tendrá este intento.

Existe también el temor a lo indígena (abarcando un poco al concepto zavaletiano de temor a lo indio). Como nunca, hay en el país una suerte de temor a la otredad, lo que nos hace pensar en lo difícil que resulta tolerar al diferente y ello a raíz de no haber realizado una correcta evaluación de lo que somos en realidad hasta este momento.

Quizás este sea el remanente del inconcluso intento nacionalista por apostar a un mestizaje amplio de la sociedad. Posteriormente la institucionalidad del país apostó por un ambiente donde la multiculturalidad se hizo presente como discurso. Vivimos juntos en este país, pero qué difícil encontramos la idea y la práctica de la convivencia. El componente intercultural no termina de germinar y desplazar a la estática idea multicultural.

El VP, como vemos, no es una amenaza, ya está presente. Hay toda una estructura de poder en crisis y una intrincada complejidad de alternativas que se pierden en la incertidumbre. Sólo la comprensión de esta crisis nos hará pensar que no hay que temer al vacío de poder, sino partir de este estado letárgico para encontrar las soluciones que Bolivia necesita con urgencia.

(*) Politólogo CIPCA Beni

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