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Propuestas Económicas Productivas

Por primera vez y en los últimos años Bolivia cuenta desde el 2005 con la Estrategia Nacional de Desarrollo Agropecuario (ENDAR). Las políticas estatales previas tenían la marca indeleble de lo agrarista (léase tierra) desde los lejanos días del 53 y la Reforma Agraria. Su ausencia también era la debilidad más fuerte del proceso post 52. Y las tierras altas de Bolivia fueron, ciertamente, víctimas de esa ausencia pues a partir del Plan Bohan y después, el desarrollo agropecuario se asentó en la capacidad agro productiva y exportadora de las tierras bajas de Bolivia.

Como parte de la aplicación de la ENDAR, se pretende establecer criterios ordenadores que “rompiendo” el supuesto aislamiento de las varias acciones de desarrollo existentes, busquen el impacto que la ENDAR plantea. Seria sensato para los ejecutores del Plan indicado ponerse a tono con estos tiempos fuertemente “participativos” y concertar con los actores públicos locales y ONGs, para evitar el riesgo del escaso impacto.

Cierto, el occidente tiene limitada inserción en mercados, baja productividad, pérdida de suelos, deterioro de recursos naturales, insuficiente infraestructura productiva y también, una inasible estructura de la tenencia de la tierra. Esto es resultado de la ausencia estatal en el apoyo y acompañamiento agropecuario y de la visión ortodoxamente mercantilista del desarrollo del agro, ambos estimulados por la inacción de Gobiernos nacionales y élites regionales de occidente. También es efecto de la persistencia de factores tecnológicos y humanos del propio occidente que, vistos en positivo, hoy nos permiten todavía pensar en el desarrollo del altiplano.

En ausencia de últimas investigaciones serías y válidas para todo el altiplano y su diversidad, señalar -como lo hace el Sr. Montenegro en su artículo “Desarrollo en las tierras altas de occidente” en el El Deber el 28 de abril- que solo el 35 de los ingresos campesinos está vinculado a lo agropecuario y proponer “ejes ordenadores” de la acción de la ENDAR desde allí, presenta varios riesgos por pretender una mirada homogénea de un altiplano diverso.

Según datos de la investigación “Composición de los ingresos familiares y estrategias económicas campesinas” realizada por CIPCA en 6 municipios rurales de La Paz entre el 2003 y 2004, los ingresos agropecuarios oscilan en su contribución al ingreso neto de las familias campesinas entre el 30 y el 90 por ciento, mostrando gran diversidad según varios factores influyentes. En el municipio de Curva el ingreso por la actividad agropecuaria representaba en el ingreso total el 31.7% , en Charazani el 45,7%; en Guaqui el 53,7%; en Viacha el 64,4%; en Pelechuco el 71,7%; y en Ancoraimes el 73,8%.

Esto muestra que los sistemas de producción campesinos en el altiplano paceño (por ejemplo) son heterogéneos y diversos, cada uno en función de condiciones: agroecológicas, de mercado, cercanía a los centros de comercialización como son la Paz y El Alto, sociales-organizativas, y aún factores culturales.

Es cierto –y aquí coincidimos con Montenegro- que no se puede forzar soluciones exclusivamente agropecuarias para áreas relativamente agropecuarias.. Si se quiere evitar el populismo productivista y mercantil de estos polarizados tiempos, debe establecerse sin embargo –y aquí discrepamos con Montenegro- que los ejes ordenadores desde la ENDAR deben reconocer la diversidad de situaciones y tomar a la agricultura como eje central de aplicación de la Estrategia, pues en gran parte del altiplano en el corto y mediano plazo garantiza la seguridad alimentaría básica de miles de campesinos y es todavía la actividad que contribuye –con diversidad- con la mayor proporción de los ingresos campesinos. Desde ese pie de apoyo, desencadenar otros procesos económicos complementarios tiene posibilidades de éxito.

Pensar que lo agropecuario no es más un eje central, es ver a los campesinos altiplánicos como listos para convertirse de la noche a la mañana en magníficos artesanos, eco turistas, transformadores, comercializadores, etc., sin entender que la visión de desarrollo de los habitantes altoandinos de Bolivia no presenta un vaciamiento ideológico total para convertirlos en el corto plazo en farmers de la diversificación.

 

(*) Director Regional de CIPCA La Paz.

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