Por una Bolivia democrática, equitativa e intercultural
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Propuestas Económicas Productivas

Santa Cruz tiene una tasa anual de crecimiento intercensal 1991-2001 de 4,29%, su-perior al promedio nacional (2,74%). El área urbana tuvo una tasa de crecimiento de 4,90%, que contrasta con la tasa de crecimiento urbano del conjunto del país de 2,55%. La misma tasa para la ciudad de Santa Cruz de la Sierra alcanza a 5,08%, sólo supera-da por la tasa de El Alto que alcanza a 5,l0%.

El Censo 1992 arrojaba, para el departamento una tasa de migración neta —es decir la relación entre inmigrantes y emigrantes— de 18,50%, la más elevada del país, que se traducía en 292.185 inmigrantes y 51.278 emigrantes; mientras que el Censo 2001 muestra que la tasa sube a 21,41%, es decir 494.148 inmigrantes frente a 71,541 emi-grantes. Esto señala que la inmigración se a incrementado, lo que contrasta con la cre-ciente tendencia negativa de Chuquisaca, Oruro y Potosí, siendo relevante la de Potosí que el 1992 alcanzó una tasa de migración neta de -29,5%, mientras que los resultados del Censo 2001 arrojan -37,50%.

El Censo 2001 trató de reflejar dimensiones como idioma y autoidentificación con las culturas nativas, importantes para avanzar a otras dimensiones del desarrollo humano: identidad, tolerancia, interculturalidad y otros. Los resultados de Santa Cruz muestran que la población mayor a 15 años tiene diversa adscripción cultural, dentro de la que trasciende el 16,97% se adscribe a la cultura Quechua y el 3,95% que se autoidentifica como Aymara, lo que contrasta con el 16,57% del conjunto de las culturas nativas de las tierras bajas (Guaraní, Mojeño, Chiquitano, Ayoreo y Guarayo. La población que no se autoidentifica con ningún pueblo nativo alcanza al 62,51%, lo que da a entender de que se trataría de la población blanco-mestiza o perteneciente a otros colectivos de inmi-grantes o sus descendientes: menonitas, indios, japoneses, etc.

Lo expuesto indica que el acelerado aumento poblacional cruceño es consecuencia del crecimiento vegetativo de la población y, sobre todo, del comportamiento de las varia-bles del fenómeno de la migración. La particularidad del fenómeno en las últimas déca-das es que la masiva inmigración proviene principalmente de Chuquisaca, Potosí y Co-chabamba, compuesta mayormente por gente de ascendencia indígena quechua, quie-nes traen consigo su cultura; por su lado, la población nativa tiene su cultura, o sus pro-pias culturas. Inmigrantes y oriundos, por el intercambio cultural, adoptan nuevas pautas culturales, no obstante persisten y se recrean pautas propias de los diferentes colecti-vos de inmigrantes y de la población oriunda blanco-mestiza e indígena de Santa Cruz.

Ahora bien, en los últimos tiempos y al calor de disputas políticas se ha observado y re-flejado en los medios de comunicación social de Santa Cruz, como pequeños grupos evidenciaban un sentimiento de rechazo hacia los inmigrantes provenientes de las tie-rras altas del país, emitiendo discursos cargados de un palmario y exacerbado senti-miento regionalista que tratan de ocultar un sentimiento muchas veces explícitamente racista. Estas manifestaciones tienen su correlato en expresiones anticambas por parte de algunos grupos del occidente del país. Los foros de discusión del sitio web del Mo-vimiento Autonomista Nación Camba (www.nacioncamba.net) expresan la animadver-sión anticolla respondida por la animadversión anticamba.

La poca aceptación de las diferencias culturales ocasiona que estos grupos, que apelan a un radical y exacerbado sentimiento de identidad regional y cultural, expresen actitu-des hostiles y atribuyan a la presencia de inmigrantes impactos negativos —sobre todo en el ámbito de la cultura— que no se corroboran con hechos concretos y que por el contrario tienen altos componentes de prejuicio por desconocimiento del otro o de los otros. Por ello se impone el impulso del pluralismo y la interculturalidad que son, ante todo, una visión del mundo, una postura ideológica, teórica y política orientada a conse-guir relaciones de equidad entre distintas culturas que comparten o coexisten en un te-rritorio. En su defecto se legitimaría una sociedad dual de incluidos y excluidos, o pro-yectos de homogeneización cultural orientados a la construcción de lo cruceño como algo monolítico y uniforme, en los que prima lo culturalmente blanco-mestizo o lo so-cialmente no pobre, desconociendo la abigarrada formación social y la diversidad cultu-ral. Y ello conduce a la exclusión que divide a clases, generaciones, etnias y géneros, discriminando entre capaces e incapaces, útiles e inútiles, lo que inhibe las posibilida-des de construcción de identidades colectivas y de un proyecto o ideario de ciudad, de región y de país. Se anula la cultura del esfuerzo compartido y la referencia a valores como la libertad y la justicia. Consecuentemente, pierde sentido la noción de ciudadanía como ejercicio efectivo de derechos-garantías y obligaciones-deberes.

(*) Sociólogo y director de CIPCA Santa Cruz

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