Por una Bolivia democrática, equitativa e intercultural
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Propuestas Económicas Productivas

El presidente Carlos Mesa puso su renuncia a consideración del Congreso boliviano, a diferencia de cualquier empleado público o privado, esta renuncia no se resuelve con una convocatoria pública, nueva selección de personal y un nuevo contrato de trabajo. Queda muy poco por hacer, el congreso tiene la potestad de aceptar o rechazar esta renuncia, luego en lo formal e institucional hay pocos caminos que recorrer, mientras esto ocurre, podemos aprovechar para mirar los objetivos que el país viene trabajando y ponerlos en perspectiva de los nuevos acontecimientos.

A nuestro entender, lo que se denominó la agenda política, terminó en tres procesos encaminados a transformaciones estratégicas del país, estratégicas en el sentido que generarían dinámicas que podrían, a su vez, contribuir a mejorar el sistema político, mejorar la economía de la población y la integración al mundo. Estas son: la Ley de Hidrocarburos, la realización de una Asamblea Constituyente, y la descentralización del país en sus niveles departamentales denominada autonomías.

Al tener identificados los procesos de largo aliento, verdaderamente transformadores, con mayor democracia y decisiones, uno se pregunta, por qué avanzamos tan poco. Mucho discurso, mucho entusiasmo, muchos planes, muchas sospechas, muchas contradicciones.

Entre las múltiples respuestas, que todos ejercitamos cada día, podemos hoy, a la luz de los acontecimientos, ejercitar una nueva explicación. Somos conservadores. Tenemos miedo al cambio y pretendemos ocultarlo sometiendo al país a un complejo de condiciones con escasa posibilidad de realización.


Hoy, cabe preguntarse que tanto queremos cambiar, y no valdrían grandes especulaciones ¿queremos o no queremos?, ¿estamos dispuestos a arriesgarnos o no estamos? Si la respuesta es positiva, habrá que revisar la noción de cambio, ayudaría comenzar entendiéndolo como proceso y revisar los objetivos de largo aliento. Si la respuesta es negativa aquí deberíamos concluir el texto. Pero, supongamos que la respuesta es positiva, finalmente si en algo parece haber consenso es que así el país no va más.

A la luz de la renuncia del presidente, nuevamente se abren oportunidades, como en octubre del 2003. Supongamos entonces que el parlamento acepta la renuncia y nos lanzamos a un proceso constitucional que terminará, tarde o temprano, en una nueva convocatoria a elecciones nacionales para presidente. ¿Qué hacemos con la agenda?, esperamos que los candidatos a presidente nos digan -yo voy a ser fiel a los temas pendientes-, -voy a llevarlos delante de manera inmediata. O quizá algún candidato se arriesgue a decir –no llamaremos a una constituyente, no descentralizaremos el país y no cambiaremos la Ley de hidrocarburos. Es decir, si nos vamos a unas elecciones, esperamos que los candidatos, a diferencia de su antecesor, nos digan de manera razonable y explícita que piensa hacer para gobernar. De otra manera, estaremos votando por la continuidad de una situación que no tiene salida.

Vista así la situación, es necesario, por tanto, preparar las candidaturas, preparar los discursos, las propuestas y un nuevo gobierno, que para no pecar de ausencia de decisiones tiene que legitimarse con sus propuestas. Si esto resuelve por la vía de la elección de un nuevo presidente, entonces ¿qué pasaría con la Asamblea Constituyente, con las Autonomías y la Ley de hidrocarburos? Es probable que lo que es una demanda de las organizaciones sociales del país se vuelva un programa de gobierno, con la particularidad que tendrá un sello específico y probablemente su mayor capacidad de resolución.

Y que pasa si el congreso no acepta la renuncia del presidente, tendría que ocurrir un poco de lo mismo, es decir caminar a resolver nuestros asuntos estratégicos. Una ventaja es que se podría fortalecer la agenda de los movimientos sociales y realizar transformaciones antes de una convocatoria a elecciones nacionales, lo que daría como resultado un renovado discurso político sobre temas de interés de los sectores sociales en el marco de una definición macro jurídica importante.

Cualquiera que sea la resolución de la determinación del presidente, sería oportuno aprovechar para reflexionar sobre ciertas posiciones de los actores políticos y sociales. 1.) La combinación de demandas estratégicas y demandas sectoriales, de demandas políticas y elementos movilizadores, ayudan a aglutinar personas y organizaciones, ¿ayuda a la toma de decisiones o solamente postergan los conflictos? Por ejemplo, la fusión entre la reducción del precio del diesel con la demanda de autonomías; o la salida de aguas del illimani con la convocatoria a Asamblea Constituyente. 2.) ¿Seguirá siendo propicio el aprovechar un conjunto de movilizaciones para sumar demandas y extirpar promesas al gobierno?, ¿La eficiencia de esta práctica no será siempre la salida del presidente? Funcionó muy bien contra las dictaduras, con el recorte de mandato de Siles, con la salida de Sánchez de Lozada y posiblemente de su sucesor Carlos Mesa. ¿Cuán oportuna puede ser la concentración de demandas si no se tiene como objetivo final la remoción del gobernante? 3.) ¿Qué hacemos con las demandas sectoriales? ¿Podremos seguir esperando para resolver el tema tierra, la promoción del desarrollo rural y económico, una política internacional coherente?

Cuán miedo le tenemos al cambio y cuán conservadores podemos ser a la hora de tomar decisiones. Hoy no parece ser suficiente el pronunciarse a favor de la democracia, la nación, el país; el tiro es ¿cómo avanzamos en resolver nuestros problemas, en hacernos cargo de los cambios estratégicos sin retroceder tanto como para tener que repetir la experiencia de los últimos veinte años de democracia?


(*) Sociólogo, director general de CIPCA

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