Por una Bolivia democrática, equitativa e intercultural
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Propuestas Económicas Productivas

Durante los últimos 50 años, los indicadores demográficos muestran un comportamiento poblacional decreciente en cuanto a la participación de la población rural en Bolivia. Para 1950, la población rural representaba el 73,8 por ciento de la población nacional, para 1976 un 58,26 por ciento, para 1992 un 42,45 por ciento y el censo del 2001 reflejó un 37,57 por ciento de pobladores rurales. Una tendencia que refuerza la idea de un proceso de “urbanización”. Visto así, diríamos vámonos todos a la urbe. Sin embargo, son las políticas globales y sectoriales que actúan deliberadamente o en su caso omiten, permitiendo y conduciendo a un proceso de concentración de la población en ciudades, uno de ellos es el sistema financiero tradicional.

El sector financiero en Bolivia está conformado por entidades financieras asociadas en tres principales organismos: Asoban (que agrupa a los bancos), Asofin (que agrupa a las instituciones microfinancieras reguladas) y Finrural (que agrupa a las instituciones financieras no reguladas). Para el análisis no incorporamos la participación de mutuales y cooperativas. En general, la banca se ha concentrado en clientes denominados “grandes” y apoya al sector privado, con presencia en las nueve capitales de departamento y algunas ciudades intermedias; los FFP nacieron en el área urbana y con el tiempo se han ido concentrando en el sector comercial tanto en ciudades capitales como intermedias y las ONG financieras se especializan en microcrédito y están orientadas al área rural y zonas periurbanas.

Una mirada a sus indicadores del año 2004 nos muestra que la banca representaba un 85 por ciento del total de la cartera bruta en Bolivia, los FFP un 13 por ciento y las ONG financieras un 3 por ciento, de un total superior a los 3.200 millones de dólares; sin embargo, el crecimiento entre la gestión 2003–2004 fue del 23,3 por ciento para FFP y 8,6 por ciento para ONG frente a un decrecimiento del 4,5 por ciento de los bancos, confirmándose la fortaleza del sector microfinanciero. Está claro que la gran participación de los bancos y FFP en la cartera se debe principalmente a la posibilidad de realizar captaciones del público cosa que no realizan las ONG; sin embargo, esta cartera está colocada a un pequeño segmento de la población. De un total de 584.500 prestatarios en la gestión 2004, el sector microfinanciero (FFP y ONG) atendió a un 77 por ciento (43 por ciento y 34 por ciento, respectivamente) de los prestatarios, frente a un 23 por ciento de la banca. Si relacionamos la misma con indicadores de empleo, encontramos que los bancos atienden al 6 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA) urbana, mientras que las ONG financieras lo hacen al 13 por ciento de la PEA rural, lo que de por sí muestra la otra cara del sistema financiero.

En los últimos años la presencia del sector microfinanciero en el área rural ha estado liderada por las ONG financieras haciendo posible el acceso al crédito a familias rurales. Esta creciente presencia no sólo está referida a la prestación de servicios de crédito, sino que cada una ha aportado con lo suyo, Idepro con servicios de desarrollo empresarial, Fondeco con warrant, Aned con el micro–leasing, Crecer y Promujer con la tecnología de bancos comunales llegando a sectores muy marginales y Fades con servicios auxiliares financieros que incluyen pago de Bonosol, Plane, otorgación de Tarjeta Empresarial en más de 50 municipios rurales, giros (nacionales e internacionales), cambios de moneda y cobro de servicios.


Los resultados son por demás alentadores, es más, el día jueves 30 de junio, una de ellas, Fades (Fundación para Alternativas de Desarrollo), ha sido galardonada con el “Premio Paul Harris a la Excelencia Empresarial” por el Rotary Club Chuquiago Marka en el rubro de Institución Microfinanciera. Fades, entidad financiera que funciona desde 1987 y cuenta con 69 agencias en el país, líder en presencia rural, tiene entre otros logros, además de sus 22.000 clientes de crédito y el hecho de haber atendido más de 400 mil transacciones en la gestión 2004 en otros servicios financieros, haber adoptado internamente las normas de la Superintendencia de Bancos y Entidades Financieras dentro del mecanismo de autorregulación voluntaria.

Estamos en momentos de cambios trascendentales y el área rural requiere de mayor dinámica y ello pasa por extender e integrar el sistema financiero. Según estudios realizados, todavía el 50 por ciento de municipios no cuenta con servicios financieros y son muchos más en los que todavía existen campesinos e indígenas que pudiendo realizar un depósito en una entidad financiera lo hacen debajo del colchón con todos los riesgos que ello implica. Es tiempo de dar respuestas a las diferencias y podemos empezar permitiendo que la población rural pueda ahorrar en sus propios lugares y eso se podrá hacer cuando la ley plantee formas creativas mediante las cuales las entidades especializadas en la atención del área rural puedan realizar captaciones. Ello dinamizaría el sector microcrediticio rural en los próximos años. Estamos en tiempos de cambio y ni campesinos ni indígenas son ciudadanos de segunda. ¿O qué dicen ustedes?

* El autor es economista de Cipca

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