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Propuestas Económicas Productivas

Hace un tiempo indicamos que los quechuas por su fuerza numérica y su especificidad deberían participar en el acto de re-pensar el país. A medida que se acerca el día, las propuestas crecen sobre la forma de participación y composición de la Asamblea Constituyente. El gobierno está en la fase final de consultas sobre esta temática; la mayoría de las voces y propuestas de organizaciones sociales y campesinas indígenas han puesto énfasis en su participación directa y protagónica. Así, pareciera que todos quieren participar en la Asamblea Constituyente y, claro, tienen derecho a hacerlo.

Los datos del Censo 2001 nos indican que hay un 38% de personas mayores a 15 años que se autoidentifican como criollos; el 31% como quechuas; el 27% como aymaras, y otro 4% de diversas etnias. El desafío es cómo participamos de manera que haya una Asamblea manejable y donde nadie se sienta discriminado. Queda claro que no es posible que todos puedan hacerlo de manera directa, sería una “asamblea” de más de 8 millones. Entonces el único camino que queda es una participación delegada. Hay varias formas de delegar la representación: territorial, gremial, étnica, por género, por población o una combinación de ellos. El punto es saber cuál sería el nivel de delegación razonable para que nadie se sienta discriminado, sobre todo que nadie sienta que sus intereses, demandas y propuestas no son tomados en cuenta. Por ejemplo, si se opta una representación territorial, el nivel de los actuales nueve departamentos no sería razonable porque muchos sectores o grupos o “comunidades o colectivos” quedarían marginados; en cambio una representación territorial a nivel de las actuales 68 circunscripciones uninominales parece razonable. Si se decidiera por una representación étnica –motivo de debates interminables- habría pueblos como el guaraní que podrían tener una representación adecuada por su número y porque tienen una organización que los agrupa y representa; en cambio el pueblo quechua tendría varias dificultades, por su tamaño numérico, la amplitud “territorial” y la ausencia de una organización que los aglutine. Adicionalmente, habrían pueblos infrarepresentados y otros muy bien representados debido a su tamaño, y los que no pertenecen a ninguna etnia? El panorama se pone complicado.


Después de un análisis global de las propuestas, nos inclinamos por una combinación de varios criterios. A nuestro modo de ver, la actual circunscripción uninominal puede conjugar criterios como lo territorial, lo étnico, lo urbano-rural y gremial. A la circunscripción habría que añadir el criterio de género. Esto quiere decir que en cada circunscripción uninominal se deben elegir dos personas, un hombre y una mujer. De la circunscripción uninominal, donde la mayoría de población es de tal o cual gremio, etnia, grupo u ocupación, hipotéticamente, saldrá el candidato o candidata que mejor los represente. Revisando la composición de la población de las circunscripciones uninominales se puede concluir que ninguna de ellas tiene una única etnia o un grupo homogéneo; al contrario, en todas ellas hay esta combinación de los criterios señalados, lo que llevará –o deberá llevar- necesariamente a establecer acuerdos, negociar y concertar entre los diversos miembros. Probablemente este sea el aspecto más importante a trabajar.

Así, tendríamos 136 constituyentes, 68 hombres y 68 mujeres. Estos 136 constituyentes deberían ser elegidos por voto directo en su jurisdicción uninominal. Cada lista de partido, agrupación ciudadana o pueblo indígena debe presentar una lista de dos personas, un hombre y una mujer, indicando cuál de ellos el primero y cuál el segundo. El que obtenga mayoría de votos pone su primer candidato (sea hombre o mujer) y el segundo más votado necesariamente debe completar la dupla de la circunscripción con un hombre o una mujer, dependiendo de qué es el primer candidato de la fórmula ganadora. Los otros dos que quedan serían como suplentes para casos de fuerza mayor (enfermedad, muerte, declinación voluntaria, etc.) En caso de empate para un primer lugar o incluso para el segundo, debe haber una segunda vuelta. Si la fórmula ganadora obtuviese más del 75% de los votos emitidos (no los válidos), debería representar con sus dos candidatos (hombre y mujer) a la circunscripción.

Ahora bien, no hay que olvidar al menos tres cosas. Primero, si bien los(as) representantes son elegidos(as) en su circunscripción, ellos(as) tienen la tarea y la responsabilidad de pensar en el país. No habrán sido elegidos(as) para velar sólo por su circunscripción o, peor aún, para confrontar a sus circunscripciones; habrán sido elegidos(as) para sentar las bases de un nuevo país. Segundo, la definición sobre la representación de los constituyentes es la definición sobre la forma de la Asamblea, no por ello menos importante; pero luego está el contenido de la nueva Constitución y es aquí que hay necesidad de seguir trabajando. Es en el contenido donde es posible formular propuestas más envolventes, que combinen lo local, regional y nacional; es en el contenido donde tiene sentido hablar de una propuesta, por ejemplo la quechua, a ser incorporada dentro de la nueva Constitución Política del Estado. Tercero, el control y vigilancia social a los constituyentes elegidos y al contenido de la nueva Constitución que propongan o debatan debe ser ejercido de cerca por la ciudadanía.

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