Por una Bolivia democrática, equitativa e intercultural
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Propuestas Económicas Productivas

Bolivia tiene el doble de superficie (algo más de 1 millón de km2) que España (500 mil km2) y apenas un quinto (8 millones y algo) de su población (41 millones).

España fue preponderantemente rural hasta hace tan sólo tres décadas, época en la que se acrecienta la migración rural-urbano a tal punto que hoy en día el 75% de sus municipios tienen una población menor a 2000 habitantes, que en conjunto suman apenas el 7% de la población española. De las estadísticas se desprende que, por ejemplo, sólo en la Provincia de Burgos han desaparecido más de cien municipios en los últimos 30 años, y los municipios con población menor a 50 habitantes se han incrementado del 12% en 1970 al 34% en 2001. El despoblamiento fue total en muchos pueblos y municipios: casas, predios, infraestructuras y plantaciones abandonadas, en suma, la aparición de los “pueblos del silencio”.

Bolivia, por su parte, en los últimos veinticinco años también registra una importante migración rural-urbana, que ha pasado del 58% de población rural en 1976 a 37% en 2001. Sin duda también existen comunidades, pueblos y municipios donde apenas quedan ancianos(as) y casas abandonadas pero sólo por temporadas, como en la comunidad de San José en Anzaldo o el pueblo de Carasi en Torotoro, por poner un ejemplo. Esto es que una buena parte de la migración en Bolivia no es definitiva, sino temporal debido a que persiste aún un fuerte arraigo con el lugar de origen, por diversas razones, que aquí no tocaremos.


Los motivos, en ambos casos, para que los habitantes rurales migren hacia las ciudades son, hasta cierto punto, similares: buscar mejores condiciones de vida en el área urbana (empleo, mayores ingresos, beneficios de la modernización, etc.), que no es posible lograr en el área rural. Lo que da una pauta de cómo se ha abordado, en ambos países, el “desarrollo rural”.

Sin embargo las causas y condiciones de la migración son totalmente diferentes. En España, la agricultura -base de la actividad económica del área rural de hace cincuenta años- ha logrado un desarrollado tecnológico tal que pronto empezó a sobrar la mano de obra y este excedente podía ubicarse en la actividad industrial de las ciudades. Es más, la producción agrícola, que antes estaba destinada a mercados locales y regionales pasó a ubicarse e insertarse en mercados nacionales e internacionales. También hay que indicar que hubo varias modalidades de subvención y seguros (en este último caso de privados y estatales, tanto del gobierno central como de las comunidades autónomas) a la agricultura, desde el sostenimiento de los precios hasta la subvención directa de los ingresos de los agricultores. No obstante el aporte de la agricultura al PIB nacional de España es de tan sólo el 3% y ocupa a cerca del 6% de la población económicamente activa.

En cambio en Bolivia, a pesar del incremento de la migración, la agricultura sigue siendo la actividad económica más importante para el 85% de la población rural. El “desarrollo tecnológico” en estos últimos 25 años ha sido muy dispar. En el altiplano, los valles y las zonas alejadas de las tierras bajas y amazonía, limitado; mientras que en área integrada se Santa Cruz y algunos enclaves se modernizó visiblemente por la implementación de la denominada “revolución verde”. Y no es que se estemos demandando la modernización, simplemente estamos considerando las diferencias.

Las dificultades para los migrantes en nuestro país son varias: la primera es que no hay una actividad económica donde puedan emplearse, salvo los empleos temporales de la cosecha de diversos cultivos como la caña de azúcar, algodón, arroz, coca, etc. u otros oficios en la ciudad. Segunda, la agricultura, sobre todo la denominada “tradicional” -cuyo aporte es del orden del 80% de los alimentos que consume la población boliviana- tiene cada vez mayores dificultades para mantener “parcelas” de mercado local, regional y nacional debido a la importación y contrabando de productos agrícolas, que va en aumento. Tercera, la agropecuaria en manos de pequeños productores está prácticamente librada a su suerte sin apoyo estatal ni políticas específicas. Con todo, el aporte de la agropecuaria al PIB nacional es del 15%, muy por encima al de España, y ocupa al 32% de la población boliviana (que representa el 85% de la población rural).

En la actualidad en ambos países se trabaja “lo rural” desde distintos enfoques, perspectivas y necesidades que veremos en la próxima entrega. Nos concentraremos en el Programa Leader Plus, en implementación en varios países de la Unión Europea, y la Estrategia de Desarrollo Agropecuario y Rural, propuesto por el anterior gobierno boliviano y, al parecer, seguido por el actual.

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